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Archivo para la Categoría "Salud mental"

Corrección de los pensamientos distorsionados

19 Diciembre, 2009 Deja un comentario

En una entrada anterior de este mismo blog se definían los Pensamientos distorsionados más comunes para ser capaces de reconocerlos cuando de forma automática muestro cerebro nos trate de engañar.

Ahora que se acerca el nuevo año, nos podemos proponer la práctica de algunas estrategias para corregir estos pensamientos:

1 Filtraje

Si una persona se encuentra atrapada por una idea que se repite como en un disco rayado, concentrando su atención en cosas del ambiente que normalmente le asustan, producen sudoración o encolerizan, para vencer este filtraje hay que modificar el origen deliberadamente. Esto puede realizarse de dos formas:

Primera: esmerándose en centrar la atención sobre las estrategias de afrontamiento del problema, más que obsesionándose por el propio problema. Segunda: categorizando el tema mental primario como: pérdida, peligro, injusticia, … Si el tema es la pérdida, se prestará atención a aquellos objetos de valor que se posean. Si el tema es el peligro, se prestará atención a las cosas del ambiente que representan comodidad y seguridad. Si el tema es la injusticia (incluyendo la estupidez, la incompetencia, etc.), se prestará atención a lo que hacen las personas que merecen su aprobación.

Cuando se realiza el proceso de filtraje, se tiende a exagerar los problemas. Para combatir esta exageración, hay que dejar de usar palabras tales como terrible, tremendo, repugnante, horrible, etc. En particular, hay que desterrar las frases del tipo «no puedo resistirlo». Se puede resistir, porque la historia nos muestra que los seres humanos pueden resistir casi cualquier golpe psicológico y pueden soportar dolores físicos increíbles. Uno puede acostumbrarse y enfrentarse a casi todo. Puede probar a decirse a sí mismo frases como «no exageres» o «puedes enfrentarte a ello».

2 Pensamiento polarizado

La clave para vencer el pensamiento polarizado es dejar de hacer juicios en blanco y negro. La gente no es feliz o triste, cariñosa o esquiva, valiente o cobarde, inteligente o estúpida, sino que se distribuye a lo largo de un continuo. Tienen un poco de todo. Los seres humanos somos demasiado complejos para ser reducidos a juicios dicotómicos.

Si se tiene tendencia a hacer este tipo de clasificaciones es de gran utilidad pensar en términos de porcentajes: «Un 30% de mí tiene miedo a la muerte pero un 70% aguanta y se enfrenta a ella… Un 60% del tiempo parece terriblemente centrado en sí mismo, pero existe un 40% en el que puede ser realmente generoso… Durante el 5% del tiempo soy un ignorante, el resto del tiempo no».

3 Interpretación del pensamiento

La interpretación del pensamiento es la tendencia a hacer inferencias sobre qué piensa y qué siente la gente. A la larga, es mejor no hacer inferencia alguna sobre la gente. O creer todo lo que nos dicen o no creer nada hasta poseer alguna prueba concluyente. Hay que tratar todas las opiniones sobre la gente como hipótesis que deben ser probadas y comprobadas, cuestionándolas. Si se carece de información directa de la persona implicada, pero se poseen otras evidencias, hay que evaluar la conclusión usando la anteriormente citada técnica de las tres columnas.

4 Visión catastrófica

La visión catastrófica es un magnífico camino para el desarrollo de la ansiedad. La persona debe pararse a reflexionar y realizar una evaluación honesta de la situación en términos de probabilidades o porcentajes. ¿Cuál es el riesgo? ¿Uno entre 100.000 (0,01%)? ¿Uno entre 100 (0,1%)? Estudiar las probabilidades ayuda a evaluar de forma realista cualquier cosa que pueda angustiamos.

5 Personalización

Si la tendencia es a personalizar, hay que esforzarse en probar que el ceño fruncido del jefe tiene algo que ver con nosotros. Compruébese. Si no se puede preguntar a la persona interesada, úsese la técnica de las tres columnas explicada anteriormente para probar las conclusiones. No se deben sacar conclusiones a menos que se esté convencido de poseer evidencias y pruebas razonables.

También es importante abandonar el hábito de compararse a si mismo negativa o positivamente con los demás. Las comparaciones son un tipo de juego excitante. Unas veces se tendrá éxito y se brillará más que nadie. Pero cuando se pierda, se dará una bofetada a la propia autoestima y puede ser el principio de una larga y profunda depresión. El valor de una persona no consiste en ser mejor que los demás, así que ¿Por qué empezar a jugar a las comparaciones?

6 Falacias de control

Aparte de los desastres naturales, cada persona es responsable de lo que sucede en su mundo. La persona hace que suceda. Si una persona es infeliz, es que existen elecciones específicas que ha hecho, y continúa haciendo, que tienen como subproducto la infelicidad. Normalmente, una persona alcanza en la vida todo lo que para ella es de máxima prioridad. Por ejemplo, si la seguridad es más importante que cualquier otra cosa, se puede conseguir a expensas de la pasión y la emoción. Se puede anhelar la emoción, pero la seguridad tiene una importancia menor en este caso. La persona se preguntará a si misma “¿Qué elecciones he realizado que me han llevado a esta situación? ¿Qué decisiones puedo ahora tomar para cambiarla?”.

La falacia de la omnipotencia es la cara opuesta de la moneda de la falacia del control externo. En lugar de ser responsable de los propios problemas, se es responsable de los problemas de todos los demás. Sí alguien tiene dolor, es de su responsabilidad hacer algo para solucionarlo. La persona que tiene este tipo de pensamientos cree que no se comporta como le corresponde si no soporta la carga de los demás. La clave para vencer la falacia de la omnipotencia es reconocer que cada uno es responsable de sí mismo. Todos somos capitanes de nuestros propios barcos, tornando las decisiones que conducen nuestras vidas. Si alguien tiene dolor, él mismo tiene la última responsabilidad de vencerlo o aceptarlo. Hay una gran diferencia entre la generosidad y una adherencia espartana a la convicción de que hay que ayudar a todo el mundo. Recordar también, que parte del respeto a los demás incluye dejarlos vivir sus propias vidas, sufrir sus propias penas, y solucionar sus propios problemas.

7 Falacia de justicia

Fuera de un juzgado, el uso del concepto de justicia es peligroso. El mundo de la justicia es un simpático disfraz de las preferencias y carencias personales. Lo que uno quiere es justo, pero lo que quieren los demás no. Lo importante es ser honesto con uno mismo y con los demás. Hay que saber decir lo que se necesita o se prefiere sin vestirlo con la falacia de la justicia.

8 Razonamiento emocional

Lo que una persona siente depende enteramente de lo que piensa. Si tiene pensamientos distorsionados, sus sentimientos no tendrán validez, sus sentimientos pueden mentirle. De hecho, si se tienen sentimientos depresivos o ansiosos todo el tiempo, es casi seguro que le habrán engañado. No hay nada sagrado o automáticamente verdadero sobre lo que una persona siente. Si se siente poco atractiva o se siente necia y desconcertada, tenderá a creerse a sí misma fea o imbécil. Pero parémonos un momento a pensar. Puede ser que esto no sea cierto y la persona esté sufriendo por nada.

Hay que ser escéptico sobre los sentimientos y examinarlos críticamente como cuando se quiere comprar un coche usado.

9 Falacia del cambio

Yo hago que suceda Cuando una persona trata de obligar a la gente a cambiar, está pidiendo a los demás que sean diferentes para que ella pueda ser feliz. La suposición es que su felicidad depende de alguna forma de los demás y de su conducta. La felicidad depende de cada persona, y más propiamente, de cada una de las decisiones tomadas. Ha de decidir si se va o se queda, si trabaja de electricista o panadero, si dice que si o que no.

Cada persona produce su propia felicidad. Es peligroso pedirle a alguien algo que le haga feliz a usted porque la gente se resiste cuando se la presiona para que cambie. Si cambia, a menudo siente resentimiento hacia la persona que la ha hecho cambiar.

10 Etiquetas globales

Los etiquetajes globales normalmente son falsos porque aunque sólo contemplan una única característica o conducta, implican, por decirlo así, a todo el conjunto. Más que aplicar etiquetas globales, hay que limitar las observaciones a casos específicos. Preguntarse a sí mismo si un caso es siempre verdad, o sólo es cierto ahora o sólo es verdadero algunas veces.

11 Los Debería

Hay que reexaminar y cuestionar cualquier norma personal o explicativa que incluya las palabras debería, habría que, o tendría que. Las normas y las expectativas flexibles no usan estas palabras porque siempre existen excepciones y circunstancias especiales. Piense al menos en tres excepciones a una norma personal cualquiera, e imagine a continuación todas las excepciones que debe haber en las que no ha pensado. Usted puede irritarse cuando ve que la gente no actúa de acuerdo con sus valores. Pero los valores personales son precisamente esto, personales. Pueden funcionar para usted, pero como los misioneros han descubierto tras recorrer el mundo, no siempre funcionan bien para los demás.

Todas las personas son diferentes. La clave radica en ver la singularidad de cada persona, las necesidades, limitaciones, miedos y placeres particulares. Como es imposible conocer todas estas complejas e íntimas interrelaciones, una persona no puede conocer si sus valores se aplican a los demás. La persona tiene derecho a una opinión, pero ha de tomar en consideración la posibilidad de estar equivocado. Asimismo, debe permitir a los demás considerar importantes cosas diferentes.

12 Tener razón

Cuando hay que tener razón siempre, no se escucha a los demás. No puede permitirse. Escuchar puede llevar a la conclusión de que a veces uno se equivoca.

La clave para combatir esta falacia es una escucha activa. Para escuchar activamente hay que participar en la comunicación repitiendo lo que se cree que se está escuchando para asegurarse de que se está entendiendo realmente lo que los demás están diciendo. Este proceso de comprobación ayuda a que dos personas que no están de acuerdo aprecien mutuamente sus respectivos puntos de vista. Proporcionalmente, se gasta una mayor cantidad de tiempo en tratar de entender a la otra persona que en estructurar las propias refutaciones y ataques. Recordemos que las demás personas creen tan firmemente lo que están diciendo como usted cree en sus convicciones, y que no siempre existe una única respuesta correcta.

Hay que concentrarse en descubrir lo que se puede aprender de la opinión de los demás.

13 Culpabilidad

Es responsabilidad de cada persona afirmar sus necesidades, decir que no, o irse a otra parte. Las personas no son responsables de conocer o ayudar a otra persona a que encuentre sus necesidades. Nadie tiene la culpa si otra persona, un adulto responsable, está angustiado o no es feliz. Hay que buscar las elecciones que ha hecho anteriormente que le han llevado a esta situación. Examinar qué opciones se han realizado recientemente para afrontarla.

Existe una diferencia entre sentirse responsable y volver la culpabilidad hacia uno mismo. Sentirse responsable significa aceptar las consecuencias de nuestras propias elecciones. Culparse a sí mismo significa atacar la propia autoestima y autodenominarse incapaz en caso de error. Sentirse responsable no implica que también se sea responsable de la felicidad de los demás. Sin embargo, culparse a sí mismo por los problemas de los demás es una forma de autoengrandecimiento. Esto significaría pensar que se tiene más impacto sobre la vida de los demás que el que se tiene realmente.

14 Falacia de la recompensa

Este tipo de pensamiento distorsionado acepta el dolor y la infelicidad porque practicar el bien será finalmente recompensado. Pero si practicar el bien significa estar haciendo cosas que no se quieren hacer y sacrificar actividades u objetos a las que la persona se niega a renunciar, entonces es muy probable que no se recoja ninguna recompensa. La persona se convertirá en tan esquiva e infeliz que la gente acabará por evitar cualquier contacto con ella. En realidad, la recompensa hay que recibirla ahora.

Sus relaciones, la consecución de fines, y el cuidado que da a la gente que ama, deberían ser intrínsecamente recompensantes. La mayoría de los días, el balance bancario emocional debería escribirse en negro. Si se está agotado y se acumulan los números rojos durante días y semanas es que algo va mal. Es necesario arreglar las actividades para conseguir aquí y ahora alguna recompensa, dejando o compartiendo las actividades que crónicamente consumen al sujeto. El cielo está demasiado lejos y puede hacerse demasiado larga la espera.

15 Sobregeneralización

La sobregeneralización es sencillamente la tendencia a exagerar, la propensión a ver un mar en un charco. Se puede combatir esta tendencia cuantificando en lugar de usar palabras como inmenso, tremendo, masivo, minúsculo, etcétera. Además, se puede examinar cuanta evidencia hay, en realidad, para las conclusiones obtenidas. Si la conclusión está basada en uno o dos casos, una simple equivocación, o un pequeño síntoma, entonces deberá ser rechazada hasta que se posean pruebas más convincentes.Úsese esta variante de la técnica de las tres columnas: Pruebas para mi conclusión, Pruebas en contra, Conclusión alternativa.

Si se pretende sobregeneralizar se piensa en absolutos. Se deberá, por tanto, evitar frases y suposiciones que requieran el uso de palabras tales como todo, siempre, ninguno, nunca, todos y nadie. Los pensamientos y las sentencias que incluyen estas palabras ignoran las excepciones y los matices del gris. Para hacer los pensamientos más flexibles, úsense palabras tales como “es posible”, “a veces”, y “a menudo”.

Hay que ser particularmente sensible a las predicciones absolutas sobre el futuro, como en el caso de “nadie me amará jamás”. Son extremadamente peligrosas porque pueden llegar a ser profecías que al hacerse explícitas conducen a su cumplimiento.

Para más información podéis consultar la Fuente Original

Día Mundial de la Salud Mental

9 Octubre, 2009 Deja un comentario

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Salud mental es la manera como se conoce, en términos generales, el estado de equilibrio entre una persona y su entorno socio-cultural lo que garantiza su participación laboral, intelectual y de relaciones para alcanzar un bienestar y calidad de vida.

La salud mental a sido definida de múltiples formas por estudiosos de diferentes culturas. El concepto de salud mental fue descrito en primer lugar como “higiene mental” por el psiquiatra estadounidense Clifford Whittingham Beers en 1908, quien fundó el Comité Nacional de Higiene Mental en 1909 y adelantó la campaña por los derechos de los enfermos mentales. Otro psiquiatra, William Glasser, describió la “higiene mental” en su libro “Salud mental o enfermedad mental“, siguiendo el diccionario de definiciones de higiene como “prevención y mantenimiento de la salud“.

Los conceptos de salud mental incluyen el bienestar subjetivo,la autonomía,la competitividad y potencial emocional,entre otros. Sin embargo, las precisiones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) establecen que no existe una definición “oficial” sobre lo que es salud mental y que cualquier definición al respecto estará siempre influenciada por diferencias culturales, asunciones subjetivas, disputas entre teorías profesionales y demás.

En cambio, un punto en común en el cual coinciden los expertos es que “salud mental” y “enfermedades mentales” no son dos conceptos opuestos, es decir, la ausencia de un reconocido desorden mental no indica necesariamente que se tenga salud mental y, al revés, sufrir un determinado trastorno mental no es óbice para disfrutar de una salud mental razonablemente buena.

La observación del comportamiento de una persona en sus vida diaria es la principal manera de conocer el estado de su salud mental en aspectos como el manejo de sus temores y capacidades, sus competencias y responsabilidades, la manutención de sus propias necesidades, las maneras en las que afronta sus propias tensiones, sus relaciones interpersonales y la manera como lidera una vida independiente. Además el comportamiento que tiene una persona frente a situaciones difíciles y la superación de momentos traumáticos permiten establecer una tipología acerca de su nivel de salud mental.

El próximo día 10 de octubre, se celebrará el Día Mundial de la Salud Mental. Este acontecimiento anual, organizado por la Federación Mundial para la Salud Mental (WFMH) y respaldado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), persigue mejorar la calidad de vida y defender los derechos de los más de 450 millones de personas que viven en el mundo con una enfermedad mental.

mental

En esta ocasión, la Confederación Española que agrupa a las federaciones y asociaciones de personas con enfermedad mental y a sus familiares de todo el territorio nacionalel (FEAFES) ha escogido como lema SALUD MENTAL AL ALCANCE DE TODOS. En lo que concierne a nuestro país, al menos un 15% de la población padecerá un trastorno mental a lo largo de su vida y un 3% de los adultos tiene un trastorno mental grave que dificulta intensamente su vida en aspectos básicos como las relaciones sociales, el empleo o la vivienda autónoma. Los estudios realizados han demostrado claramente que la intervención temprana no sólo contribuye a la recuperación rápida y completa de las personas con enfermedad mental sino que también lleva a la persona a una mejor integración en la sociedad. Sin embargo, menos de la mitad de personas con enfermedad mental recibe un tratamiento hoy en día.

Para prevenir y detectar pronto este tipo de problemas de salud, para asegurar la continuidad y seguimiento de los tratamientos de los adultos y los niños, es necesario que los profesionales de la Atención Primaria y pediatría estén dotados de mayores recursos humanos y materiales y estos sectores se mantengan como un servicio público.

Una interesante aportación sobre este tema es la que publica en su blog el Médico de Familia Vicente Baos Vicente con el título: La salud mental, una más de las carencias de la Sanidad española

Por su parte, los medios de comunicación pueden contribuir también muy positivamente a reducir los prejuicios y favorecer una información adecuada y justa.

Más información en:

Salud Mental

FEAFES

¿Por qué la Fobia Social es subdiagnosticada?

4 Octubre, 2009 1 Comentario

Es muy grato para mi poder presentar el texto que sigue, escrito por alguien que explora el mundo de la Fobia Social buscando superar las dificultades y barreras generadas por este trastorno. Tal como indica su propio autor: “La razón central de mi interés por este artículo es compartir mi experiencia para que sea de utilidad a profesionales del área de la salud mental, en la detección y realización del diagnóstico de Fobia Social”. Mis felicitaciones por tan honesta y postiva actitud. Una colaboración asi justifica por si sola la existencia de este blog.

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AUTOR: Roberto Neumann Ringeling

A pesar de ser la Fobia Social un trastorno extremadamente discapacitante, y causa de difundidos sufrimientos, mi experiencia a lo largo de los años indica que es subdiagnosticada, aún después de repetidas sesiones de terapia y de repetidas consultas a diferentes profesionales.

A continuación expongo algunas razones probables que, en retrospectiva y con la ventaja de conocer actualmente mi diagnóstico, en mi opinión, ayudarían a explicar por qué el diagnóstico de Fobia Social no se realizó en mi persona oportunamente, aún existiendo tanta información sobre este trastorno.

Síntomas clásicos de la fobia social.

Si una persona acude a una consulta y comienza a explayarse sobre situaciones sociales donde experimenta gran temor o ansiedad, como por ejemplo, dar una charla, asistir a reuniones informales, asistir a fiestas, etc., y si además muestra muchos de los síntomas físicos del trastorno como palpitaciones, temblores y sudoración, entonces el cuadro de fondo está relativamente a la vista. Resulta evidente que la persona padece de un trastorno de ansiedad social y el diagnóstico de Fobia Social probablemente no tardaría mucho en realizarse.

El problema es que no muy a menudo llegan pacientes a las consultas describiendo los síntomas “clásicos” de Fobia Social, porque simplemente estos síntomas están ocultos detrás de una enredada malla de dificultades personales, difícil de descifrar incluso para el mismo profesional. Esta es una razón, a mi juicio, de por qué el diagnóstico de Fobia Social no se realiza.

Por lo tanto, cuando los síntomas de la Fobia Social son evidentes y están a la vista, el diagnóstico se realiza sin dificultades como se hace en muchas personas (menos del 20%). Sin embargo, cuando los síntomas no están tan a la vista, por razones que expongo abajo, la detección de este trastorno se dificulta enormemente, y el diagnóstico puede postergarse indefinidamente como pareciera ser el caso de mucha gente que padece este infortunio, y como fue el caso mío.

Niveles de intensidad mediana de Fobia Social

Cuando una Fobia Social está generalizada y el grado de ansiedad en situaciones de interacción social o de actuación en público es sólo de mediana intensidad, da la impresión que las dificultades pueden superarse con fuerza de voluntad y terapia adecuada, de la misma forma como lo haría cualquier persona con similares dificultades (pero que no padece del trastorno). A mi entender, esta es la razón por la cual yo asistí a innumerables sesiones de terapia, sin advertir que esto no darían el resultado deseado porque el diagnóstico de Fobia Social no se había realizado.

Específicamente, las dificultades generales de desenvolvimiento social que pueda tener una persona corriente se pueden confundir con los mismos problemas que tiene un fóbico social, excepto que las causas son totalmente diferentes. Por ejemplo, una persona corriente puede presentar cierto grado de retraimiento social debido a una autoestima baja, pero aunque en el fóbico social puede ocurrir lo mismo, el retraimiento no se debe a su autoestima negativa sino que forma parte del trastorno.

Esta es una razón por la cual el diagnóstico de Fobia Social en mi persona no se realizó. El hecho de que mi problemática fuera bastante parecida a la problemática de cualquier otra persona, confundió el juicio clínico de los terapeutas e impidió que el cuadro de fondo fuera diagnosticado. Ningún terapeuta sospechó que mi caso se trataba de una Fobia Social, seguramente debido a que los síntomas clásicos de esta fobia no estaban presentes, o al menos no eran tan evidentes.

En mi opinión, ésta es la gran causa por la cual el trastorno de Fobia Social es subdiagnosticado. La naturaleza de los síntomas del trastorno es confusa, se confunde con aflicciones de personas que no padecen el trastorno y, por lo tanto, la historia se repite en otros individuos de la misma forma como se repitió en mi persona, vale decir, a menos que un paciente llegue a una consulta describiendo síntomas obvios de fobia social, el trastorno no se diagnostica y la terapia puede continuar en forma indefinida.

El efecto amigo

En mi experiencia de haber vivido con fobia social desde los diez o doce años, he notado que a través de los años, siempre aparecen personas amigas donde existe y se genera gran interés por la amistad. En presencia de estas personas la fobia social desaparece, haciendo que la relación sea absolutamente normal (casi en forma calcada como aparece mencionado en la literatura). El por qué esta situación es así no la conozco, pero sí me doy cuenta que puede presentar una confusión para el diagnóstico de fobia social, porque lleva a pensar que el trastorno de fondo no existe (dado que en presencia de estas personas la enfermedad no se manifiesta).

En ausencia de estos amigos, cuando aparecían los malestares propios del trastorno, los consideraba como algo transitorio, ajeno a mi forma de ser, producto de las circunstancias y que con seguridad los solucionaría en un futuro cercano. Siempre pensé que mi forma de ser era “normal”, como cuando estaba en presencia de estas personas. Desgraciadamente esto ocultó por muchos años, tras una aparente normalidad, la presencia del cuadro de fondo que era Fobia Social.

El efecto enemigo

De la misma manera como existen personas que tienen la propiedad de anular mi fobia social en presencia de ellas, existen otras personas que producen el efecto contrario: me resultan tremendamente feneradoras de fobia y me producen una gran necesidad de evitarlas. A estas personas nunca las mencioné en ninguna terapia como parte de mi problemática, porque siempre pensé que la enemistad se debía a características propias de ellas, por ejemplo que eran demasiado agresivas o poco amistosas etc., y no a una manifestación propia de la Fobia Social. Nunca se me ocurrió relacionar el miedo que desarrollaba por estas personas con algo que fuera parte de un problema mayor, porque no tenía conciencia que existiera ese problema mayor.

Estas peculiaridades de de la Fobia Social son ejemplos de cómo este trastorno conduce a la formulación de creencias equivocadas que uno construye para explicar la realidad, y contribuyen a confundir la comprensión de cómo se manifiesta este trastorno en la vida real, agregando mayor dificultad a la realización del diagnóstico.

El efecto vergüenza de los síntomas.

La naturaleza misma de la Fobia Social consiste en evitar situaciones de interacción social por temor a la humillación, a ser juzgado y evaluado negativamente por los demás. Por esta razón, resulta también vergonzoso admitir estos temores a otras personas porque se asocia con cobardía, debilidades de carácter o ineptitud social. Este temor a la humillación y a ser juzgado en situaciones de interacción social, también es vergonzoso admitirlo incluso a uno mismo, y por tanto se esconde a cualquier precio ante la propia persona y ante los demás, incluyendo situaciones de terapia donde hay profesionales que estarían dispuestos a escuchar.

Este es otro factor que dificulta el diagnóstico de Fobia Social, porque si los síntomas del trastorno no se revelan (por vergüenza), dificulta tomar conciencia de la existencia de un cuadro de fondo. Si los síntomas típicos que se requieren para realizar el diagnóstico de Fobia Social “no están presentes”, se podría concluir con justa razón que el trastorno no existe.

El efecto inconciencia del trastorno

La persona que padece de Fobia Social se da cuenta que tiene un problema grave, sabe que lo pasa mal, pero no tiene conciencia de que padece de un cuadro de fondo de trastorno social, que pudiera ser conocido y bien estudiado. Probablemente ni siquiera haya escuchado el término Fobia Social, ni de cualquier otro trastorno siquiátrico que pudiera dar luz a su problemática.

Los síntomas de esta enfermedad no son obvios de reconocer como parte de un cuadro general. Normalmente son difusos, complicados de identificar y a menudo se confunden con las dificultades propias de cualquier interacción social (excepto que son mas extremos). A menos que una persona conozca de este trastorno de ansiedad, no tiene forma de advertir que esta sea la razón de sus malestares. Personalmente, yo pasé años tratando de descubrir y descifrar la causa de mis problemas sin éxito, incluso después de haber estudiado cuatro años de Psicología y de haber atendido a numerosas consultas profesionales (finalmente el diagnóstico se realizó, gracias en parte a circunstancias fortuitas).

Con los años de vivir con Fobia Social, sin advertir que se padece esta enfermedad, las personas se acostumbran a ella, desarrollan estrategias y organizan sus vidas alrededor de los síntomas (hasta donde es posible). Cuando acuden a las consultas por ayuda, lo hacen por problemas puntuales y son tratados por esos problemas sin que nunca nadie sospeche de nada fuera de lo ordinario, o más allá de la problemática inmediata.

El efecto caos e impredecibilidad

A diferencia de la mayoría de las fobias comunes, como por ejemplo fobia a las jeringas o fobia a la altura, donde el comportamiento pareciera seguir un patrón determinado y predecible, el comportamiento de la Fobia Social es más bien caótico e impredecible. En la Fobia Social generalizada, la intensidad de la ansiedad en diferentes situaciones de interacción social o de actuaciones en público, nunca es la misma. La misma situación, una reunión familiar, por ejemplo, puede la mayoría de la veces ser una experiencia extremadamente fóbica, y en otras ocasiones puede incluso ser agradable. Todas las situaciones sociales producen diferentes grados de ansiedad y el grado de intensidad fóbica a una misma situación puede ser distinto en diferentes ocasiones dependiendo de otros factores situacionales. Lo mismo ocurre con las personas: existen personas que me producen mucha ansiedad y otras que me producen el efecto contrario, y también existen otras personas que no me producen ningún efecto, ni a favor ni en contra.

Personas que no me producían ningún grado de ansiedad pueden de pronto volverse tremendamente generadoras de fobia si algo ocurre en la relación y viceversa. Incluso una misma persona puede producir diferentes grados de ansiedad, dependiendo de las características de la situación en la que se encuentren interactuando. Además, para complicar aún más la situación, si las condiciones de vida en un período de tiempo determinado son favorables, como tener un nuevo empleo o una nueva relación de pareja, el nivel general de ansiedad social puede disminuir, y si las condiciones se tornan adversas o desfavorables, como haber sido recientemente despedido del trabajo, el nivel general de la ansiedad social puede aumentar.

Toda esta situación enredada y compleja de comprender acerca del comportamiento de la Fobia Social, como se expone arriba, ayuda a graficar lo difícil que es para la persona, y para el mismo terapeuta, identificar patrones claros y evidentes de comportamiento que revelen la existencia de un problema de fondo. Si fuera simple y predecible a primera vista, a mí me hubieran realizado el diagnóstico treinta años atrás. Esta es otra razón por la cual, a mi juicio, el diagnóstico de Fobia Social tan a menudo no se realiza.

Error de diagnóstico por patologías asociadas

Posteriormente, después de muchos años de vivir en forma inadvertida con Fobia Social, cuando los pacientes acuden a las consultas por otros trastornos mentales asociados que los obliga a consultar, la situación se vuelve más confusa aún, porque los síntomas de la nueva patología se pueden confundir con los síntomas del cuadro de fondo. Por ejemplo la depresión, que por su naturaleza produce una tendencia al retraimiento se puede confundir con el aislamiento social que es propio de la Fobia Social. Y éste además podría ser el caso para otros trastornos como el alcoholismo y la drogadicción, que por sus características pueden también generar dificultad para integrarse socialmente, muy similar a como se da en el Trastorno de Fobia Social.

Personalmente, a lo largo de los años, yo también fui tratado en varias oportunidades por depresión, en ocasiones por depresión profunda, sin que el diagnóstico de Fobia Social me fuera realizado. Incluso, también fui tratado por otras patologías que en su momento pudieran haber sido reales, pero que de haber tenido el diagnóstico correcto la situación hubiera sido diferente.

Por lo tanto, cuando las personas acuden a la consultas para tratarse por trastornos agregados, el diagnóstico de Fobia Social se torna progresivamente más difícil realizarlo, porque se esconde aún más con los síntomas de las nuevas patologías. Si, por las razones que hasta el momento he mencionado, el diagnóstico de Fobia Social ya es difícil de realizar, en presencia de nuevos trastornos se vuelve aún mucho más.

Importancia del diagnóstico

Es posible que el diagnóstico no sea el final de todos los males para un fóbico social, pero es el principio obligado para el inicio de terapias adecuadas. No estoy en condiciones de enseñar ni de dar consejos acerca de los tratamientos a seguir, una vez conocido el diagnóstico, pero sí puedo dar a conocer porqué fue importante para mí y de qué forma me ayudó.

Específicamente, conocer el diagnóstico me permitió relacionar en forma directa los efectos perjudiciales de la Fobia Social con cada una de mis aflicciones y de este modo pude explicar la causa real en cada situación. Esto permitió, a su vez, desligarme de responsabilidades personales y de pensamientos de culpabilidad respecto a carencias en mi vida. El resultado casi instantáneo de este proceso fue un mejoramiento radical de mi autoestima. Finamente, entendí que mis problemas no se debían a supuestas irresponsabilidades, inmadurez o falta de motivación por surgir, sino derechamente a los efectos perjudiciales e inevitables de la Fobia Social.

Otro beneficio de conocer el diagnostico fue permitirme terminar finalmente con la búsqueda por descubrir la causa de mis malestares, y aceptar que este trastorno de ansiedad está para quedarse y que lo más inteligente es aprender a vivir con él.

Conclusión general

El objetivo central de este escrito no es enseñar acerca de la Fobia Social ni realizar conclusiones generales a partir de mi experiencia particular. El objetivo es crear conciencia entre profesionales del área de la salud mental para que se interesen por desarrollar sus habilidades y conocimientos en la detección de este trastorno. Estoy seguro que si este texto llega a los profesionales en cuestión, gran parte de los objetivos ya estarían cumplidos incluyendo satisfacer mis intereses personales de aportar mi experiencia a esta causa.

El valor de los pequeños placeres

27 Agosto, 2009 2 comentarios

Ya os he hablado alguna vez de Amelie, mi película preferida.

Pues bien, Amelie es la personificación de los pequeños placeres, esos que nadie confiesa, esos en los que nadie repara, pero en los que todos caemos. ¿Quién no disfruta con la sensación de meterse en una cama recién hecha? ¿Quién no se siente bien con ropa interior nueva? ¿Quién no es feliz cuando en la radio sin esperarlo suena tu canción favorita? ¿Quién no disfruta poniendo la última pieza del puzzle? ¿Quién no se alegra cuando en un cambio nos dan por error unas monedas de más? ¿Quién no se divierte derribando botellas de cristal con piedras? ¿Quién no se siente el mejor cantante del mundo cuando sabe que nadie le escucha? ¿Quién está de mal humor cuando el médico te permite saltarte la dieta y comerte alguna golosina? ¿Quién se enfada cuando a media noche una llamada de la persona que más quieres te despierta para decirte algo bonito? ¿Quién se enfada si el jefe no viene a trabajar? ¿Quién no se distrae con una revista de cotilleos en la consulta de un médico? ¿Quién no se relaja en su rincón favorito sabiendo que nadie sabe donde está? ¿Quién no se para ante el escaparate de eso que tanto deseas y que no sabes si tendrás pero que con solo verlo ya te contentas?… Por estos y otros placeres todos tenemos nuestra parte Amelie (Leído en El Desván de Aarom)

Abrir un libro y olerlo, quitarse los tacones, dormir en sábanas recién lavadas… Todos son pequeños placeres. El psicólogo especialista en risoterapia, José Elías, ha explicado en el programa de la Cadena Ser “Hoy por Hoy” cómo es necesario detenerse, preguntarse a uno mismo qué es lo que de verdad se desea hacer y escuchar atentamente. La respuesta se convierte en una orden a acatar si lo que el objetivo es convertirse en un hedonista de lo cotidiano.

Alfonso, de Bilbao, disfruta con el último resquicio del bocadillo. “Me parece un bocado exquisito”, ha dicho en antena. Pero la frustración por perderlo es inversamente proporcional al placer que le reporta. “Cuando se te cae, te entra un mal rollo en el cuerpo…”, ha reconocido. La sensación con la que más disfruta Roberto es esa que lo asalta al abrir un ojo en plena madrugada y ver que aún le quedan un par de horas por dormir. María José, de Madrid, disfruta con las cosquillas de un bastoncillo en el oído. Son placeres muy simples y accesibles, sólo hace falta conocerlos.

Son pequeños placeres. Crean una sensación agradable al satisfacer algo, físico, emocional o intelectual” ha explicado el experto en risoterapia José Elías. “Es muy humano intentar buscar esas sensaciones que son placenteras”, ha añadido. A veces hay que buscarlas porque se olvidan, otras veces porque ni siquiera existe tiempo a lo largo del día para detenerse y pararse a pensar qué es realmente lo que nos proporcionaría un momento placentero. “Solemos darnos cuenta de lo que nos gusta cuando lo perdemos” ha señalado Elías, que propone anticiparse y cuestionarse para encontrar esas satisfacciones en miniatura.

Mari Carmen, de Leganés, ha sabido escucharse. “La risa de mi nieta, es oírla y se te quitan todas las penas”, ha comentado en antena. Otros correos electrónicos apuntaban placeres a costa de los demás o de lo demás. “Ver cómo tu pareja se levanta muy temprano mientras tú te quedas en la cama” o “conseguir rascarse ese punto inalcanzable de la espalda con el quicio de la puerta”. Personas o cosas al servicio de nuestro placer.

A través del correo electrónico, Delia, ha puesto de manifiesto que los placeres también tienen género porque lo que más satisfacción le proporciona es llegar a casa y quitarse el sujetador. Eso se debe a las sensaciones, según José Elías. “A las mujeres, quizá lo que más les apriete durante el día es el sujetador, por eso es una liberación desprenderse de él”. También incluye un aspecto social. Antes las bebidas alcohólicas se relacionaban con el placer masculino, cuando sería igualmente femenino.

El conductor de Hoy por Hoy, Pedro Blanco, ha tenido que corregir a una oyente. Josefina, de Mérida, ha señalado el momento de meterse en la cama tras una jornada de trabajo como el más placentero del día. “Pero eso es un gran, gran placer”, le ha replicado Blanco, con el parabién de la oyente.

Información adicional:

En nuestra Sección Resúmenes de sesiones de chat podéis leer una charla entre  amigos del canal  de chat #fobia-social del IRC-Hispano sobre “las cosas que nos gustan y nos hacen felices

Técnicas peligrosas e ilegales

25 Mayo, 2009 2 comentarios

Noticia de Europa Press: Expertos en salud mental denuncian la “falta de vigilancia” de las autoridades sanitarias sobre los ‘curanderos’

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El director de los Programas Nacionales de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+I) en Salud Mental y Atención Primaria (AP) de la Secretaría de Estado de la Seguridad Social, Mario Araña, denunció hoy la “falta de vigilancia” de las autoridades sanitarias sobre los centros que ofertan a la población prácticas de ‘chamanismo’ y ‘curanderismo’ para “curar traumas, enfermedades mentales y otro tipo de padecimientos”, con técnicas que asegura son “ilegales, peligrosas y sin base científica alguna”.

“En estos centros, profesionales no cualificados, ni autorizados por la normativa vigente en salud, ofrecen desde variedades de hipnosis hasta regresiones o productos milagrosos para tratar fobias, depresiones y otras enfermedades, unas prácticas que pueden provocar un agravamiento del padecimiento del paciente y suponen una gran oportunidad de negocio para quien las ejerce, principalmente en épocas como las actuales, con profundas crisis y ausencia de referentes”, advirtió Araña en declaraciones a Europa Press.

Según el experto, también director de la sociedad científica Acapi-Psicondec, “cada vez son más” los centros que ofrecen este tipo de remedios y enfoques, que son practicados tanto por individuos “sin titulación científica o académica” como por verdaderos profesionales de la Medicina o Psicología, que trabajan en hospitales u otros lugares públicos y están colegiados, cuyas practicas “no son controladas desde sus respectivos colegios, contaminando y perjudicando la mejoría real de la población que sufre”.

“La Ley General de Sanidad, el resto de la normativa sanitaria y los códigos deontológico de las organizaciones profesionales, dice, taxativamente, que no puede ejercerse ninguna profesión sanitaria que no se base en datos científicos contrastados. Sin embargo, desde las administraciones y los colegios profesionales no hay control sobre esta práctica y se autorizan, y en ocasiones, hasta se promueven con cursos organizados por los propios entes colegiales, estas practicas sin prueba científica que las avale”, denunció.

EL CASO DEL ‘CHAMÁN’ DE MURCIA

En este sentido, citó el caso de una clínica de terapias de regresión a supuestas vidas pasadas que recibió la autorización de apertura por parte de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Murcia y que, tras ser denunciadas sus prácticas, se le ha revocado, ahora, la autorización. “Cabe felicitar a esta administración por la aceptación de su error y la celeridad de su rectificación. Supone todo un ejemplo administrativo, para el resto de las organizaciones profesionales e institucionales que están actuando con total permisividad ante situaciones semejantes”, apuntó.

La Consejería de Sanidad de la Comunidad de Murcia autorizó, el pasado 8 de enero, la apertura de una clínica privada para tratar enfermedades psicosomáticas con una técnica de hipnosis que consistía en hacer que el paciente recordara traumas de sus supuestas vidas anteriores para comprender el origen de sus problemas actuales.

No obstante, la licencia de apertura de este centro, propiedad del médico Juan José López, del Servicio de Urgencias del Hospital público Santa María del Rosell de Cartagena (Murcia), fue revocada recientemente, tras las denuncias realizadas por Araña sobre los peligros que entraña esta práctica para la salud mental de los pacientes, reconocidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“PROPAGANDA” DE CURANDEROS EN LOS MEDIOS

Por otra parte, señaló también que muchos medios de comunicación están “efectuando una propagación desenfrenada e interesada de este tipo de actuaciones con orientación sanitaria, pero sin aval científico alguno”. “Basta comprobar la secciones de publicidad de los distintos medios o revisar la programación de las televisiones locales para comprobar la abundancia esotérica de su oferta”, indicó.

Para Araña, psicólogo clínico, jurídico y forense, el problema es que la salud mental sigue siendo “la hija pobre del sistema sanitario” y cualquiera se cree “experto en problemas psicológicos, con omisión de acción por parte de las administraciones públicas y órganos colegiales del ramo”, una situación que refleja “la dejadez y desatención de la administración respecto a las necesidades de alfabetización psicológica que tiene la población, sobre todo en momentos de profunda incertidumbre social como el actual”.

Fuente: EcoDiario

La invención de los trastornos mentales

22 Mayo, 2009 2 comentarios

La edición de un libro nos sirve para exponer un tema de debate de hace bastantes décadas, desde la perspectiva de profesionales y especialistas de la salud mental.

La invencion

La reseña del libro dice así: Durante las últimas décadas han aumentado tanto el número de personas aquejadas de trastornos mentales como el número de terapias farmacológicas, psicológicas y de otra índole para su tratamiento. ¿Nos encontramos ante una nueva epidemia debida a nuestro estilo de vida actual o existen otras razones que explican el aparente deterioro de nuestra salud mental? En este libro, dos investigadores y profesores universitarios, expertos en Psicofarmacología y Psicología clínica, proponen y justifican con todo rigor una provocativa, y seguramente polémica, teoría acerca de la invención de distintas categorías de trastornos mentales. La creación y propagación de éstas últimas tiene mucho que ver con los intereses comerciales de la industria farmacéutica y con la complacencia de profesionales y pacientes. Los autores han investigado a fondo la evidencia científica acerca de la naturaleza de los trastornos mentales y de sus tratamientos. La conclusión del análisis realizado pone de manifiesto que considerar los trastornos mentales como enfermedades es sencillamente una falacia. Frente al modelo rígido de «enfermedad mental», los autores proponen una visión más abierta de tipo contextual, centrada en las circunstancias personales, en la que se escucha a las personas en vez de a los fármacos.

Los pisquiatras cargan contra el libro

Los autores del libro replican

Otras fuentes de informacion sobre el tema:

Marco teórico del trastorno mental
¿Quiénes están mentalmente sanos?
Se fabrican enfermedades
¿Existe la enfermedad mental?
¿Tengo una enfermedad?

Categorías:Fobia Social, Salud mental