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Formar parte de un grupo social

1 Noviembre, 2009 Deja un comentario

Grupos

Nos gusta formar parte de un grupo, entregarnos a él y mostrar generosidad con los demás; nos gusta formar alianzas con otros grupos y también competir con ellos. ¿Es la conciencia social lo que nos distingue del resto del reino animal? El psicólogo social Mark van Vugt vuelve al programa Redes de TVE para discutir con Punset los orígenes evolutivos y las ventajas de la vida en comunidad.

Eduard Punset:

Bueno, estamos en la Universidad de Kent, en Canterbury, en el Reino Unido. Y estamos aqui porque nos interesa saber qué es eso de la conciencia social: por qué la gente de pronto se siente bien en un grupo, y está dispuesta a hacer cantidad de sacrificios a favor de este grupo, y está dispuesta a renunciar a cosas que le importan mucho en aras de este grupo. Mark, gracias por estar aquí…

Mark Van Vugt:

De nada.

Eduard Punset:

…para conversar de algo que realmente se entiende muy poco. ¿Sabes? Me pregunto (y ahorahablamos de la identidad social de las personas) qué tipo de mecanismos son los responsablesde que alguien crea que pertenecer a un grupo es la cosa más positiva y fantástica que puedesucederle… y renuncie a dinero, y renuncie a cargos que le ofrecen otras personas… pero no, decide quedarse con su grupo, por el mero hecho de que: «es mi grupo»…

Mark Van Vugt:

Bueno, para responder a esta pregunta tenemos que remontarnos a nuestros antepasados, retroceder muchísimo en la evolución humana, probablemente un par de millones de años, cuando los humanos decidieron que era mejor vivir en grupo que individualmente. En ese momento, vivían en la sabana donde había muchos peligros y amenazas en el entorno:
muchos depredadores, por ejemplo. Así que tenían que quedarse con su grupo para sobrevivir. Y cuando se encontraban con otros individuos, a través de su identidad social, podían relacionarse y acceder a redes de intercambio y comerciar con cosas… eso era realmente útil.

Eduard Punset:

Pero hay algo que es imposible entender salvo si se hace una investigación exhaustiva, como has hecho tú. Me refiero a que hablas del intercambio de información y de productos hace dos millones de años, de acuerdo. ¿Pero qué es lo que explica el altruismo, es decir, el hecho de que la gente no intercambie, sino que haya alguien loco, no sé, alguien suficientemente loco como para dar algo porque sí? ¿Sabes? ¡A veces incluso la vida!

Mark Van Vugt:

Pues bien, hay distintas teorías para lo que se conoce como altruismo. El altruismo consiste en beneficiar a alguien a costa de uno mismo. El ejemplo más obvio se produce entre los que comparten parentesco, entre los miembros de una familia. Éstos comparten parte de sus genes, y puede que sea beneficioso para los genes establecer un intercambio o ayudar a otra persona. Sin embargo, hay otras formas de altruismo que son muy frecuentes en los seres humanos y que se basan en la reciprocidad, incluso en la reciprocidad indirecta, donde yo te doy algo y espero que me lo devuelvas más adelante. Y aquí es donde entra en juego de nuevo la identidad social, porque saber que pertenecemos al mismo grupo me da cierta seguridad de que más tarde me corresponderás: me darás algo que necesite cuando lo necesite.

Eduard Punset:

¡Exacto! Pero, Mark, incluso en este caso, incluso así… tiene que haber algo más. Tiene que haber algún mecanismo psicológico que nos ayude a ser altruistas. Estoy pensando en algo muy tonto y muy evidente…. Es decir… ¿cómo evitar a los aprovechados, los gorrones? Yo mismo, y supongo que lo mismo le pasa a mucha gente, muy pocas veces nos equivocamos  cuando decidimos confiar en esta persona o en esa otra. Es decir, normalmente acertamos…

Mark Van Vugt:

Exacto. Sí, el porcentaje de acierto de la gente está por encima de lo aleatorio, por encima delazar, a la hora de predecir si alguien es digno de confianza o no.Es una capacidad que ha adquirido el ser humano gracias a la evolución. Y la razón radica en la importancia de estas redes de reciprocidad.

Eduard Punset:

¡Eso es!

Mark Van Vugt:

Pero hay otros mecanismos. Por ejemplo, nuestras emociones sociales. Tenemos una gama riquísima de emociones sociales, que van desde la ira hasta la lealtad, pasando por la empatía y la compasión. Y se podría esgrimir que estas emociones han evolucionado para garantizar que los demás no nos puedan tomar el pelo tan fácilmente porque, si hacemos algo por alguien y esta persona no nos lo devuelve, nos enfadamos. A veces nos ponemos furiosos cuando se trata de una gran suma de dinero, por ejemplo… en cualquier caso, la ira es una respuesta emocional automática que les indica a los demás (a la persona en cuestión, pero también al resto) que no pueden darnos por sentados, que no se saldrán con la suya…

Eduard Punset:

¿Cuál sería tu conclusión principal, tras haber analizado los vínculos sociales de las personas?

Mark Van Vugt:

Pues bien… una conclusión es que somos criaturas inherentemente sociales, que nos gusta afiliarnos a otras personas en grupos no demasiado grandes, nos gusta trabajar conjuntamente y compartir con los demás, etcétera. Pero, al mismo tiempo, también nos gusta competir con otros grupos: nos gusta que nuestro grupo tenga éxito al competir con otros. Y si podemos lograrlo creando cooperación, o creando una moralidad que una a los miembros de un grupo…

Enlace a la entrevista completa en video

Oxitocina: Una hormona que nos ayuda a ser más felices.

23 Julio, 2009 3 comentarios

Oxitocina

Una hormona llamada “oxitocina” produce efectos en nuestro cerebro muy importantes de cara a conseguir cierta estabilidad emocional y combatir numerosos estados de ansiedad, fobias, stress, etc. Se descubrió su existencia en los años cincuenta del pasado siglo y desde entonces los psicólogos, neurólogos y psiquiatras, entre otros,  han prestado intención a sus efectos, así como a los mecanismos que estimulan su liberación en nuestro organismo.

En los humanos, dicen los investigadores, la oxitocina se libera con un simple abrazo, una caricia, un beso o mirando a los ojos de un ser querido. También forma parte del ciclo de respuesta sexual y aumenta con el consumo de dulces y chocolate.

La oxitocina se produce en la glándula pituitaria y su secreción está regulada por células del hipotálamo cuyo impulso nervioso se propaga por el axón hasta las terminales nerviosas pituitarias.

La presencia de la hormona en la sangre desencadena en el cerebro, concretamente en la amígdala cerebral, una serie de reacciones que favorecen y refuerzan determinados comportamientos en las personas. Así, por ejemplo, los estudios más recientes indican que la hormona potencia las relaciones sociales, y podría estar involucrada en la formación de de confianza y generosidad entre personas.

Recientemente se han establecido relaciones entre la desaparición o disminución de efectos de la fobia social debida al aumento de los niveles de oxitocina. “Estudios previos muestran que administrando oxitocina por vía nasal a individuos sanos se reduce la activación de circuitos cerebrales vinculados al miedo, aumenta el contacto visual con otras personas y se incrementa la confianza y la generosidad”, explica el psiquiatra de la Universidad de California Kai MacDonald. Por eso, MacDonald sugiere que esta hormona podría ayudar a tratar ciertos trastornos psiquiátricos que afectan al comportamiento social, como la esquizofrenia, el autismo, la ansiedad o la fobia social.

Un estudio de 1998 encontró niveles significativamente menores de oxitocina en plasma sanguíneo de niños autistas. Un estudio de 2003 encontró un descenso del espectro de conductas repetitivas autistas cuando se administraba oxitocina intravenosa. Un estudio de 2007 reportó que la oxitocina ayudaba a adultos autistas a retener la habilidad de evaluar el significado emotivo de la entonación al hablar.

Científicos de la Universidad de Zurich, Suiza, hicieron un experimento donde pudieron observar que con la hormona preparada en forma de spray nasal puede un ser humano recuperar o aumentar la confianza en los extraños, de igual forma podría servir este spray como un tratamiento para los trastornos como la fobia social y el autismo. El doctor Thomas Baumgartner del equipo de investigación suizo mencionó: “Encontramos que la oxitocina tiene un efecto muy específico en las situaciones sociales y al parecer disminuye nuestros temores. Una falta de oxitocina es por lo menos una de las causas del miedo que se experimenta con las fobias sociales. Una persona tiene fobia social muchas veces por el miedo de ser humillada o avergonzada ante los demás”.

Resumen del artículo publicado por José Manuel Ruiz Gutiérrez en Ventana de la Ciencia

Categorías:Ciencia, Fobia Social, miedo