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Archivo para Abril 2009

Psicología de bolsillo

26 Abril, 2009 1 Comentario

bolsillo

Cuando en 1859 Samuel Smiles publicó Self-Help! (¡Ayúdate!), abrió, probablemente sin saberlo, un universo de infinitas posibilidades. Inauguró el género de la narrativa de autoayuda contemporánea y, en cómodos fascículos, puso teóricamente al alcance de cualquiera las claves básicas del éxito y la felicidad. Sin embargo, Smiles aún se encontraba inmerso en una concepción victoriana en la que mostrar las emociones abiertamente era considerado descortés y el yo seguía siendo un desconocido. Faltaban todavía varias décadas para que se asentase el concepto de autorrealización y los libros de autoayuda se convirtiesen en el santo grial para millones de personas. Además, quedaba pendiente que la psicología se convirtiese en ciencia y, sobre todo, que Freud, Maslow y compañía entrasen en escena. Y ambas cosas, en el caso del psicoanalista, ocurrieron casi de forma paralela en el último tramo del siglo XIX. Antes de esas fechas, los trastornos mentales se habían tratado de una manera heterodoxa, en la que se entremezclaban filosofía y superstición. Pero, a partir de las aportaciones de Wilhem Wundt, fundador del primer laboratorio psicológico en 1879, surge la idea de las enfermedades mentales como enfermedades del cerebro. Es decir, con base fisiológica. Se trata de la época de Pavlov y sus perros, de los primeros titubeantes pasos del conductismo, estructuralismo, funcionalismo… de todas las teorías que determinaron el rumbo de la psicología en el siglo XX.

En busca del yo

Pero, sin duda, la revolución que marcó el futuro de la psicología se fraguó en Viena, en el diván de Sigmund Freud. El precursor del psicoanálisis ejerció una influencia determinante sobre todas las teorías posteriores, al convertir los trastornos psicológicos en enfermedades tratables y a los enfermos, en sujetos recuperables. Paralelamente, democratizó las fobias, filias y complejos… Cualquiera podía ser ahora sujeto de atención y no sólo aquellos que mostrasen una conducta anómala. En cierto sentido, normalizó las patologías, pero, a la vez, también problematizó la normalidad. Sobre todo a partir del viaje de Freud a Estados Unidos en 1909, sus teorías corrieron como la pólvora y su éxito popular propició que en el lenguaje común comenzasen a aparecer cada vez con mayor frecuencia palabras como lapsus linguae, subconsciente, líbido, ego o superyo. Se trataba de las primeras aportaciones al lenguaje terapéutico que serviría de base para la futura narrativa de autoayuda. Sin embargo, por ahora, sólo se podía hablar de una literatura de consejos, aún minoritaria, pero que preludiaba el nacimiento de la psicología popular.

El libro de bolsillo

Según cuenta la socióloga Eva Illouz en su libro Intimidades congeladas, fue en el periodo de entreguerras y tras la Segunda Guerra Mundial cuando la literatura centrada en la psique humana y cómo entenderla dio el salto definitivo a las masas. Todo gracias, fundamentalmente, a la revolución del libro de bolsillo. En 1930, el editor alemán Kurt Enoch funda Albatross. En 1935, surge en Inglaterra Penguin y, en 1939, el empresario Robert de Gral crea en Estados Unidos la editorial Pocket Books. El formato, barato y accesible, arrasó en el mercado. Los libros de bolsillo comenzaron a comercializarse en quioscos, farmacias, gasolineras o estaciones de tren acercando la cultura a las clases media y media-baja. Sobre todo en Norteamérica, uno de los géneros que mejor encajó con el nuevo formato fue la narrativa de consejos. La psicología se convirtió en una industria cultural emergente de pingües beneficios, saltó a las calles y se incorporó al saber popular. Junto a las tesis psicoanalíticas, comenzaron a difundirse masivamente otras menos deterministas.

La teoría de la autorrealización, de Abraham Maslow, fue protagonista indiscutible a partir de los cincuenta. Maslow mantenía que, según se satisfacen las necesidades básicas, los seres humanos desarrollamos necesidades y deseos cada vez más elevados hasta llegar a la autorrealización, el alcanzable estado mental ideal al que, teóricamente, se debe aspirar. La atractiva idea de que la felicidad es posible tuvo un éxito inmediato. Surgieron cientos de escritores que recogieron el testigo y propusieron vías para llegar a ese bienestar espiritual: aprender a amarse uno mismo, no juzgar si no se quiere ser juzgado, que toda culpa es mala, encontrar tu diosa interior, plantar un árbol… y cientos de consejos más, expresados como verdades pseudocientíficas lo suficientemente genéricas como para satisfacer a todos los públicos y utilizando un lenguaje pretendidamente terapéutico y neutral.

Los dorados años sesenta

Fue el comienzo de los libros de autoayuda que vivieron su mayor esplendor en los sesenta, época dorada del viaje interior. Los no realizados se convirtieron en sujetos incompletos que había que arreglar. Las emociones pasaron del ámbito privado a objetos que debían ser pensados, expresados, discutidos, debatidos, negociados e, incluso, justificados. Se expulsó el dolor psíquico de la experiencia humana gracias a la bioquímica. Ahí estaba. Era el nacimiento de un nuevo tipo de ser humano, centrado en el propio yo e integrado en un modelo emocional capitalista e individualista, que aún continúa en plena vigencia. Lo llamó Homo sentimentalis… al que cualquiera puede ponerle cara de Woody Allen.

Fuente original: Público, Sección Culturas

Categorías:Autoayuda, Historia, psicologia

El término neurosis

19 Abril, 2009 1 Comentario

neurosis

El origen del término “neurosis” se encuentra a finales del siglo XVIII aunque su máximo uso se circunscribe al XIX, en plena eclosión de la especialidad psiquiátrica, siendo empleado originalmente para describir cualquier trastorno del sistema nervioso. El médico escocés William Cullen publica en 1769 su obra Synopsis nosologiae methodicae, refiriéndose con el término “neurosis” a un trastorno general del sistema nervioso, sin fiebre ni otras lesiones orgánicas demostrables, y capaz de alterar las capacidades sensitivas y motoras del individuo, mezclándose en este concepto patologías tan dispares como mareos y desmayos, el tétanos, la rabia, las crisis histéricas, la “melancolía” (posteriormente denominada depresión) o la manía. Sigmund Freud desarrolló diversos trabajos en relación con la histeria y los trastornos obsesivos, publicados entre 1892 y 1899, sentando las bases psicogénicas de lo que él denominó psiconeurosis. A partir de sus trabajos se elaboró una clasificación, ya en desuso, que distinguía varios tipos de neurosis (en función de la expresión final de los síntomas provocados por el síntoma nuclear de la angustia): Neurosis de angustia, neurosis fóbicas, neurosis obsesivo-compulsivas, neurosis depresivas, neurosis neurasténicas, neurosis de despersonalización, neurosis hipocondríacas y neurosis histéricas.

El principal interés de Freud se centró en lo que denominó “neurosis de angustia”, descrita en torno a un estado de elevada excitabilidad del paciente expresada como “espera angustiosa” sobre la que el sujeto elabora expectativas funestas de futuro basadas en simbolismos (determinado sonido significa que un familiar acaba de morir, un gesto inapropiado acarreará mala suerte…). Para Freud el paciente posee un caudal de angustia que permanentemente se va depositando en forma de miedos, fobias, ataques de angustia (taquicardia, taquipnea, sudoración…), etc

En 1909 Pierre Janet publica “Las neurosis”, obra en la que establece el concepto de “enfermedad funcional” frente al modelo anatómico-fisiológico. Desarrolla así el paradigma médico que basa el daño no en la alteración física del órgano, sino en su función. Las funciones superiores, adaptativas, provocan cuando se ven alteradas o disminuidas, un estado “neurasténico” (o de “nerviosismo”) en el que se sobreexpresan otros estados inferiores como la agitación o la histeria.

El término neurosis fue abandonado por la psicología científica y la psiquiatría. Concretamente, la O.M.S. (CIE-10) y la A.P.A. (DSM-IV-TR) han cambiado la nomenclatura internacional para referirse a estos cuadros clínicos como trastornos, entre los que se incluyen:

1. Trastornos depresivos (distimia, ciclotimia, episodios depresivos leves, moderados o graves (con o sin síntomas somáticos).

2. Trastornos de ansiedad (fobias, trastorno obsesivo-compulsivo, agorafobia, crisis de angustia, trastorno por estrés postraumático, trastorno de ansiedad generalizada).

3. Trastornos somatoformes (dismorfofobia, trastorno de conversión, hipocondría, dolor somatoforme, trastorno de somatización).

4. Trastornos disociativos (trastorno de personalidad múltiple, fuga y amnesia psicógenas, trastorno de despersonalización, trance y posesión).

5. Trastornos sexuales:

- Parafilias (exhibicionismo, fetichismo, froteurismo, pederastia, masoquismo, sadismo, travestismo, voyeurismo).
- Disfunciones sexuales (deseo inhibido, aversión al sexo, anorgasmia, impotencia, eyaculación precoz, dispareunia, vaginismo).

6. Trastornos del sueño (insomnio, hipersomnia, parasomnias, terrores nocturnos, sonambulismo, disomnia).

7. Trastornos facticios.

8. Trastornos del control de impulsos (cleptomanía, trastorno explosivo intermitente, ludopatía, piromanía, tricotilomanía).

9. Trastornos adaptativos.

10. Factores psicológicos que afectan al estado físico.

11. Trastornos de la personalidad.

12. Códigos V (simulación, problemas interpersonales, duelo patológico, problemas funcionales, rol de enfermo, etc.)

Fuente original:  http://vi.vu/es/node/21111

Yes we can

14 Abril, 2009 Deja un comentario

En clave de humor se ha creado la Asociación de Ayuda al Pagafantas, asociación que busca ayudar a aquellos que han caído en las redes del amor no correspondido y de la amistad que no se cristaliza en algo más.

Al igual que la terapia de grupo sirve para otros síndromes, la Asociación de Ayuda al Pagafantas piensa que compartir las experiencias en grupo ayuda a los jóvenes a superar la baja autoestima que supone ser el mejor amigo de una chica.

Se reunen cada semana para intercambiar experiencias, desahogarses y ayudarse mutuamente, y ahora han decidido dar el salto hasta la red. Porque nadie está a salvo de este mal, porque la unión hace la fuerza…¡salgamos juntos del Pagafantismo! Yesss, we can!

Fuente original: http://www.eresunpagafantas.com/

¿Autoexigencia o perfeccionismo patológico?

11 Abril, 2009 Deja un comentario

En la Sala de CHAT #fobia-social del IRC-Hispano tenemos hoy sábado un DEBATE sobre el tema:
¿Autoexigencia o perfeccionismo patológico?
Cuéntanos tus ideas y comparte tus opiniones
Será a partir de las 22:00 horas (en España)
Como ya sabes, para entrar en la sala puedes usar el siguiente enlace:
http://www.irc-hispano.es/webchat/webchat.php?canal=fobia-social
O bien desde nuestro botón o págna de Chat

Categorías:Fobia Social