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Archivo para Julio 2007

Investigaciones actuales sobre la fobia social

23 Julio, 2007 Deja un comentario

El Gabinete de Prensa de la Universidad de Valladolid nos da a conocer la siguiente información:

La Universidad de Valladolid participa en un macroproyecto que elabora el primer cuestionario en español para evaluar la ansiedad social.

La profesora María Jesús Irurtia Muñiz trabaja desde 2001 junto a investigadores de 14 países, a los que se unirán Australia y Estados Unidos, en un estudio sobre este trastorno psicológico.

María Jesús Irurtia Muñiz, profesora del Departamento de Psicología de la Universidad de Valladolid trabaja desde 2001 en un macroestudio que trata de mejorar la evaluación y tratamiento del trastorno de la ansiedad social. En el proyecto, en el que participan profesionales de 14 países iberoamericanos, España está también representada por Vicente Cabello, de la Universidad de Granada, y por Benito Arias, docente de la UVa y que se ha incorporado recientemente a los trabajos de investigación. Los profesores de la Universidad de Valladolid se han encargado de los aspectos que versan sobre la aplicación del tratamiento una vez diagnosticado el trastorno y han investigado sobre las situaciones de ansiedad social en edad infantil.

El estudio es un proyecto pionero cuyo objetivo fundamental es la elaboración del primer cuestionario en español que diagnostique la ansiedad social, ya que se trata de una de las herramientas más útiles para su evaluación. Sus autores pretenden que este cuestionario sea utilizado en los servicios sanitarios tanto públicos como privados de los países participantes.

La realización de los ítems que lo componen, que se han construido en base a las entrevistas con más de 5000 pacientes, se encuentra en su fase final y su presentación definitiva se prevé para el próximo mes de septiembre. El proyecto surge como consecuencia de la deficiencia de un cuestionario en el ámbito hispanohablante, ya que según explica María Jesús Irurtia, los que existían eran adaptaciones de los anglosajones y no se ajustaban a las situaciones hispanas.

La ansiedad social, conocida también como fobia social, aparece en sujetos que tienen un miedo excesivo y constante a las situaciones sociales. Estas personas tienen miedo a hacer el rídiculo o comportarse de una manera embarazosa en situaciones en los que otras personas los puedan observar.

El éxito del estudio ha provocado que países de habla anglosajona se interesen por el proyecto. Así, en 2008, Estados Unidos y Australia se incorporarán al grupo de investigadores; y el cuestionario, que ya ha sido traducido al francés, italiano y portugués, será adaptado próximamente al inglés.

Parte del proyecto ya ha sido publicado en diversas revistas especializadas, y fue presentado en el V Congreso Mundial de Terapias Cognitivas y Conductuales celebrado en Barcelona entre los días 11 y 14 de julio.

Entre las ponencias presentadas en este Congreso, algunas enfocaban su atención en la fobia social y en su tratamiento:

- Evaluación de la ansiedad social en España y Latinoamérica con implicaciones para su prevención y tratamiento. Vicente Caballo.

- Nuevos planteamientos y avances en el campo de la ansiedad social. Luis Joaquín García.

Los fóbicos anónimos

21 Julio, 2007 8 comentarios

Las fobias son miedos excesivos a situaciones o personas que no representan de hecho ningún peligro real. Hay fobias específicas como por ejemplo la fobia al encierro, la oscuridad, a ciertos animales, etc.

Así como éstas hay fobias más complejas y mucho más limitantes como la fobia social o la agorafobia. Las mismas inciden en forma totalmente negativa en la vida de las personas hasta llegar a paralizarlas. La fobia social hace que no podamos asistir a clases, al trabajo, a hablar en público, etc.

Hoy en dia hay tratamientos médicos sumamente eficaces para poder retomar una vida normal.

Además, poco a poco van surgiendo iniciativas para que los afectados de fobia social podamos avanzar en la recuperación basándonos en la ayuda y colaboración mutua.

A manera de ejemplo, existe en Uruguay la asociación Fóbicos Anónimos. Son Grupos de Autoayuda para personas con miedos, fobias y/o ataques de pánico. Los grupos se reúnen una vez por semana dos horas, principalmente en salones parroquiales. Son grupos de autogestión, sin profesionales, en los que se intercambian experiencias y se trabajan temas relacionados a este trastorno. Fóbicos Anónimos está presente tanto en Montevideo como en el interior del país y difunde todo lo relacionado a esta patología a nivel nacional. Los grupos se formaron en noviembre del año 2000 por iniciativa de Dagmar van der Weck.

Asociaciones como ésta no sustituyen de manera alguna al diagnóstico y tratamiento médico adecuado; sin embargo, son un complemento muy útil para los afectados.

Nueva

14 Julio, 2007 1 Comentario

Desde aquí nos gusta siempre apoyar a todas las páginas que tratan el tema de la Fobia Social y trastornos relacionados. Es por ello que queremos hacernos eco de la creación de una nueva página (no comercial) creada para tratar de reunir a afectados por trastornos psicológicos y todos los interesados en el tema.

Se trata de una red social que está iniciando su camino en la web, por lo que desde aquí os animo a entrar en ella y, si os gusta, participar activamente.

Entrad en la página www.trastornospsicologicos.es

La mirada y la vergüenza

1 Julio, 2007 1 Comentario

Leo una interesante aportación de José Luis Catalán Bitrián sobre la mirada y el miedo, de donde extraigo el siguiente texto:

La mirada del otro que se clava en nosotros es capaz de disparar la vergüenza con sus fenómenos concomitantes de rubor, apartamiento la mirada, agachamiento de la cabeza, como intentos de retirarse ante una insoportable exigencia o contrariedad de posturas.

Al sentirnos observados reflexionamos sobre lo que estábamos haciendo o sintiendo (nuestra postura corporal, nuestro interés natural, la manera de estar y aparecer) y rápidamente considerarlo como posiblemente inadecuado a los ojos de lo que esperarían encontrar los demás (otra compostura, otras actitudes o apariencia). Esta auto-observación crítica rompe la espontaneidad que discurría antes de ser mirados, y la misma brusca parada también forma parte de lo que sabemos que llama la atención a una mirada atenta.

La necesidad de no ser o estar naturales al instante, cuando lo inmediato además tenía una intensidad difícil de suprimir, provoca la reacción “apaga” impulsos inoportunos en que consiste la vergüenza.

Rápidamente surge la etiqueta de esta contra-emoción: “tengo vergüenza”, y también esa etiqueta nos parece indigna de ser vista (especialmente si de pequeños nos afeaban esos momentos con agravantes tales como “das asco”, “eres penoso”, “me repugnas” y vituperios similares con los que algunos educadores adornan sus intervenciones correctoras).

Como que tenemos necesidad de parar urgentemente la misma reacción de vergüenza, para ello sentimos vergüenza de tener vergüenza (esto es, sentirla se nos asemeja algo imperdonable).

Si no tenemos mayor compromiso siempre podemos imbuirnos en un periódico o mirar a otra parte con disimulado interés, pero si nos vemos obligados a relacionarnos puede desencadenarse en nosotros el azoramiento, el apocamiento y la temible parálisis.

Por ejemplo, puede decirle un varón a su compañera mujer, “qué guapa estás hoy” en vez de “me gusta el trabajo que has hecho”, que es lo que le gustaría. ¿Cómo se puede responder a una provocación si ella no tenía interés previo? No se puede, en cierto modo, ni responder bien ni responder mal. En cambio la mirada sigue ahí esperando algo, causando vergüenza hasta poder “salir del paso” sonriendo sin ganas, dando las gracias que poca gracia nos hacen, o arriesgándonos al reproche (“era una broma”, “qué mal carácter tienes”).

Ocurre en algunas ocasiones que estas actitudes que provocan vergüenza son deliberadas en vez de casuales. Entonces hablaremos de abochornadores y avergonzadores que abusan del factor sorpresa o comprometedor para disfrutar del efecto que suscitan y sacar una ventaja de ello (habitualmente sentirse superiores).

Una lista de ideas útiles para afrontar los distintos tipos de vergüenza es:

  1. Amedrentar al abochornador descalificando su actitud (aunque nos estemos muriendo de vergüenza). Por ejemplo decir, “no me parece correcto que me ridiculices en público, cosa que ni a tí ni a nade le gusta que le hagan” -esto dicho preferiblemente delante del mismo público en que ha tenido lugar el alevoso desprecio.
  2. Defenderse, pero suavizando o normalizando a continuación, en las situaciones ambivalentes: “No me gusta que mezcles el galanteo con el trabajo, ya que además de no gustarme me molesta. Por cierto, ¿qué opinas del trabajo que te entregué?, me gustaría que me dieras la opinión”
  3. No duplicar la vergüenza, considerándola una emoción normal que una persona normal se puede permitir (mientras que “don perfecto(a)” no). Esta emoción, válida, lo importante es que sea seguida de la acción adecuada (es decir, no huir o retirar la vista, sino provocar una salida de “circunstancias” para “salir del paso”).
  4. Lo antes posible, hacer algo (romper el silencio) que resuelva la tensión interna y la expectativa pasiva del que nos mira: preguntar, opinar, sugerir, etc.
  5. Si el que nos mira tiene derecho a mirar (aunque sea con cierto grado de descaro o inadvertencia censurable) aceptar ser “paisaje” visual para el otro en vez de sentirnos analizados como en un examen, y menos aún suspendidos de resultas de la atenta inspección. Hay una diferencia entre sentirnos “anónimos y libres” a “prisioneros escudriñados”. La libertad no nos la tienen que otorgar los demás, sino que la cogemos nosotros al asalto, bien mirando a los ojos del que nos mira, para ponerle en evidencia, bien mirando a otra parte con descaro, otorgándonos también el placer del descanso y, sobretodo, disminuyendo la capacidad del mirador de ser lo bastante importante como para importarnos (tratarlo a él como un objeto entre los objetos, no como sujeto omnisciente o dios que todo lo ve y todo lo juzga)
  6. Considerar que somos invisibles y que seguimos conservando el control de nuestra privaticidad. Ni el que nos mira sabe nada de nuestra intimidad, ni tampoco nosotros sabemos nada de lo que piensa -podría estar considerando en ese momento, por ejemplo, qué día ir al dentista, en vez de si nuestro nuestro aspecto resulta adecuado)
  7. Tolerar la curiosidad que podemos producir en los demás por nuestra belleza, atractivo, estética u objetos que llevamos. Esa curiosidad, que sería temible si fuera la de un ladrón que calibra la posibilidad de quitarnos una cadena de oro o la cartera, porque se trataría de una intención de llevar a cabo actos reales, en cambio es inocua si la persona nos usa para fantasear o entretenerse un ratito, ya que en este caso debemos considerar que es una humilde contribución a la humanidad, inocente e ingenua, sin compromiso, hipoteca o inconveniente para nuestra vida real.

Fuente: La mirada y el miedo