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Archivo para Diciembre 2006

Aprendiendo a ser felices

30 Diciembre, 2006 2 comentarios

¿Qué podemos hacer para ser más felices?

Algunas respuestas a esta pregunta y otros temas relacionados con la felicidad la podemos encontrar en el programa Redes emitido el 15 Junio de 2005 por TVE2.

A continucación podéis ver 5 fragmentos del programa y leer la entrevista de Eduardo Punset a un Psicólogo especializado.

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Entrevista a Martin Seligman, profesor de psicología en la Universidad de Pennsylvania en Estados Unidos. Con sus innovadores trabajos, Seligman ha contribuido a esclarecer las causas de la depresión. En la actualidad es mundialmente famoso por ser el mayor impulsor de la denominada psicología positiva.

Eduard Punset:
Martin, una cosa ¿la ciencia, en realidad, tiene algo que ver con la felicidad?

Martin Seligman:
Pues yo creía que no, pero tras 30 años tratando el tema de la felicidad, me percaté de que era algo confuso: todo lo relacionado con el sufrimiento boicotea la felicidad. Y lo que yo quería era aliviar del sufrimiento en el mundo, de manera que tuve una conversión en la que empecé a preguntarme si no sería posible que hubiera una ciencia del aspecto positivo de la vida. Yo creo que la clave está en darse cuenta de que la noción de felicidad es científicamente imposible de concretar, significa demasiadas cosas para la gente. Pero creo que se puede descomponer la noción de la felicidad en, digamos, tres elementos que sí son científicamente medibles y en cuya construcción uno puede intervenir. Los tres elementos son: la vida de placer –emociones positivas: risas, sonrisas, estar de buen humor – esta es la versión americana, de Hollywood, de la felicidad: Goldie Hawn, Debbie Renolds, etc. La segunda, y es muy distinta de la primera, es la vida comprometida: ser UNO con las cosas; absorto, inmerso, en el amor, el trabajo, con los hijos, con el ocio, con las amistades.

Eduard Punset:
Y dices que es lo contrario.

Martin Seligman:
Es lo contrario y es muy interesante: si estás completamente comprometido en todo lo que te he dicho, y te pregunto ¿qué tienes en la cabeza?, la respuesta es: nada. Después de la conversación es posible que digas que era divertido, pero lo que quieres decir es que el tiempo se ha parado, que has perdido la conciencia. Y lo que en realidad creemos es que el motivo por el que esto ocurre cuando la gente está fluyendo, cuando están inmersos, es porque se necesita tal cantidad de atención, tal cantidad de recursos mentales, que todos los recursos se extraen de los sentimientos y el pensamiento y pasan a la atención.

Eduard Punset:
Pero Martín, no es extraño o paradójico que digamos que los humanos somos diferentes del resto de los animales, en el sentido de que somos conscientes de nosotros mismos, y luego cuando intentamos ser felices lo único que perseguimos es quitarnos de encima esta conciencia, y olvidarnos.

Martin Seligman:
Sí, creo que parte de la teoría de la ciencia de la felicidad, o de la teoría de que la única forma de felicidad es sonreír y reír y estar de buen humor, es que este tipo de felicidad a menudo tiene al “yo” involucrado. Pero hemos evolucionado para ser animales que fluimos, y este estar inmersos es algo que tiene una gran importancia evolutiva. Creo que es el estado que realmente construye un capital psicológico que luego durante la vida se puede ir gastando. Es decir que cuando se fluye es una garantía de que se está creciendo, y ésta es la segunda forma de felicidad que se puede investigar científicamente.

Eduard Punset:
¿Y la tercera?

Martin Seligman:
La tercera es la vida significativa, y es la que tiene el mejor componente de inteligencia. Todo lo de las caras sonrientes y tal no tiene ningún contenido intelectual, Aristóteles y Séneca ya pensaban que era una vulgaridad, y yo también lo pienso. Esta tercera está basada en el significado, y creo que se trata de saber cuáles son los puntos fuertes y utilizarlos para pertenecer y servir para algo que crees que es mayor que tu. Es decir que tenemos la vida agradable, la vida comprometida y la vida con significado: creo que son tres nociones que científicamente se pueden contrastar y en las que el término difuso de la felicidad se puede descomponer.

Eduard Punset:
Pero si pensamos en una ecuación, en la receta para alcanzar la felicidad, y ya sé que esto puede sonar muy paternalista para algunos de los lectores, la primera parte de la ecuación está biológicamente fijada…

Martin Seligman:
Tomemos las tres clases diferentes de vida. La vida de placer, cuando se sonríe: este tipo de vida tiene un componente biológico, es decir que si eres una persona negativa que todo lo ve negro, y que nosotros clasificamos como en el extremo opuesto de la actividad positiva, te puedo enseñar a disfrutar, y sobre el optimismo, y quizá te puedo ayudar en un 10%. Es decir que la vida de placer, estar de buen humor, está relativamente fijada, no se puede cambiar mucho. La vida de compromiso y la de significado está en todos por derecho de nacimiento y se pueden hacer cambios inmensos, y hay un mensaje que es muy liberador de la psicología positiva al mundo: y es que este mensaje de Hollywood de sonreír y estar siempre de buen humor como Goldie Hawn no existe, esta es sólo una forma de ser feliz; pero existen otras dos formas que son mucho más fáciles de obtener, que son comprometerse en lo que se hace y encontrar significado en lo que se hace.

Eduard Punset:
Vamos a intentar dar algunos ejemplos a la audiencia. Por ejemplo, podemos imaginar que cuando la gente busca satisfacción en la vida creen que si se tiene una buena educación, si se vive en un buen clima y ¿qué más? Digamos que …

Martin Seligman:
…se tiene mucho dinero….

Eduard Punset:
… tienes un buen sueldo, entonces sucede que …

Martin Seligman:
Lo que sucede es que todas estas cosas tienen una relación increíblemente vaga con la satisfacción. Vamos a analizarlas una por una: el clima no tiene nada que ver. La gente que vive en California no es más feliz que la que vive en Groenlandia.

Eduard Punset:
Pero se lo creen… es increíble.

Martin Seligman:
No, el clima no está muy relacionado. La riqueza es muy interesante: por debajo de los mínimos necesarios, la riqueza es muy importante; es decir que si se es extremadamente pobre afecta mucho de forma negativa el nivel de felicidad…

Eduard Punset:
O sea que el dinero da la felicidad…

Martin Seligman:
Sí, el dinero puede comprar la felicidad si se es extremadamente pobre, pero una vez que se está por encima de los mínimos, y casi seguro que toda tu audiencia lo está, sucede que el aumento de riqueza tiene muy poca relación con el aumento de satisfacción con la vida. Para tu audiencia: si piensas que se pueden perder 3 fines de semana al año de estar con la familia por ganar 8.000 euros no vale la pena. Se obtiene más satisfacción en la vida pasando los tres fines de semana en casa tranquilamente. O sea que sorprendentemente el dinero es un sistema muy débil. La salud también está considerada como muy importante. Pero resulta que no parece que importe mucho en la satisfacción en la vida. Incluso gente con problemas serios de salud, como problemas de ataques al corazón o cáncer, tienen por lo general tanta satisfacción en la vida como la gente con buena salud.

¿Qué es lo que sí importa? La clave de lo que estoy diciendo es que estos factores externos – políticos y económicos – no ayudan mucho. De hecho un buen ejemplo es que nuestro lavavajillas se estropeó hace algunos meses y compramos uno muy bueno y carísimo. Los dos primeros lavados me hicieron muy feliz, porque podía ver los platos muy limpios, pero luego dejé de apreciarlo hasta que se estropeó. Y entonces la única emoción que tuve era la de estar muy poco contento. Es decir que muchas cosas en las que gastamos dinero no aportan la felicidad. ¿Qué tipo de cosas del mundo externo lo hacen? Vivir en una democracia está relacionado con la satisfacción de la vida…

Eduard Punset:
¿Sabes que esto es nuevo en el debate mundial y lo encuentro muy interesante? ¿En qué sentido el vivir en una democracia aporta satisfacción en la vida?

Martin Seligman:
Con los indicadores habituales la satisfacción en la vida en una escala de uno a diez, estudiado en grandes poblaciones que viven en democracias y no democracias, por lo general este es uno de los elementos externos que tiene una gran incidencia. Una pregunta importante es por qué, pero en esta era en que los dictadores empiezan a extinguirse, es posiblemente una buena idea para que haya un buen tono de felicidad en todo el planeta. Otra buena cosa es el matrimonio, los casados – por lo general – son por lo general más felices que cualquier otra unión de personas. Pero incluso si se suman todos los factores externos: el clima, la democracia o el matrimonio, sorprendentemente solo se alcanza un 15% de variable; pero esto no quiere decir que si no se está satisfecho con la vida ahora no haya cosas para hacer, de hecho hay mucho que se puede hacer y es la clave, ya que la felicidad no está relacionada con factores externos sino con cosas como el compromiso o la vida con significado y esto son cosas que se pueden cambiar.

Eduard Punset:
Martin, ¿y todo esto se puede medir?

Martin Seligman:
Sí, se preparan unos cuestionarios para cada uno de ellos y todo está validado y psicométricamente es serio. Y por separado se pregunta cuáles son los componentes, y los resultados son sorprendentes. La búsqueda de placer no tiene casi ninguna relación con la cantidad de satisfacción en la vida; y sin embargo la búsqueda de compromiso y significado en la vida tiene una gran relación. Existe un papel para el placer, pero es si se tiene: el significado, el compromiso y el placer, y es entonces cuando el conjunto hace que se sienta satisfacción en la vida, y que ésta sea mayor que la suma de las partes; y a esto es a lo que llamo “la vida llena/completa”.

Eduard Punset:
En tus escritos hay una paradoja. Por una parte dices que hay algo que se puede hacer para mejorar la satisfacción en la vida, y por la otra dices que lo sientes mucho pero que no existe una fórmula.

Martin Seligman:
Ahora todo mi trabajo lo centro en la cuestión de si existen posibles intervenciones duraderas que puedan hacer a la gente más feliz. Antes se creía que no las había, que no se podía, que sucede como con la cintura, que hay un condicionante biológico que te hace ser como eres, así es como se pensaba. Pero he pasado una gran parte de mis primeros 30 años de académico probando fármacos y psicoterapias y tests aleatorios para ver si hay intervenciones que reduzcan la depresión de las personas, y ahora he pasado los últimos siete años preguntándome si hay algo que pueda hacer que las personas sean de forma duradera más felices. Y la respuesta es sí, y te daré algunos ejemplos.

Eduard Punset:
Vamos a ver algunos de estos ejemplos.

Martin Seligman:
Vamos a verlos una por una. Recuerdas que he dicho que teníamos: la vida agradable – que es tener más emociones positivas -, la vida comprometida – que es tener más flujo en la vida -, y la vida significativa. Vamos a verlas de una en una. Para la emoción positiva el ejercicio para esta noche es que antes de irse a la cama hoy, y durante los próximos siete días, tienes que escribir tres cosas que han ido bien durante el día y el por qué han ido bien. Eso es todo.

Y el resultado es que es algo contagioso, y una vez que se ha acabado el ejercicio se sigue haciendo, y a los seis meses la gente que hace esto está mucho menos deprimida y mucho más feliz. Esta es una intervención muy simple que funciona; según nuestros datos se ha demostrado que tiene para la depresión un efecto mayor que la terapia cognitiva y que la medicación. El segundo ejercicio: éste está relacionado con las fuerzas, y con la fuerza del agradecimiento. En nuestros datos, de todas las fuerzas que hemos analizado ha aparecido el agradecimiento como el correlativo más fuerte de la satisfacción en la vida.

Eduard Punset:
El estar agradecido.

Martin Seligman:
Y Eduardo, aquí tenemos el ejercicio para esta noche y quizá para las dos semanas próximas. Quiero que pienses en alguien que está vivo que ha hecho algo por ti que es increíblemente importante y nunca se lo has agradecido lo suficiente ¿Ya has pensado en alguien?

Eduard Punset:
Sí, ya lo tengo.

Martin Seligman:
Vale, pues lo que quiero que hagas durante la semana que viene es redactar un escrito de unas 300 palabras en que aparezcan palabras concretas que la persona dijo, y cómo te afectó, en qué situación estabas y la influencia que tuvo en tu vida, y en qué situación estás ahora. Esa es la primera parte, la segunda parte es llamarla por teléfono en Barcelona y decirle que quieres ir a visitarla, pero sin decirle el motivo. Finalmente hay que ir a su casa y leer en voz alta el escrito.

Eduard Punset:
Díos mío eso es muy difícil.

Martin Seligman:
Una vez más se ha demostrado por estudios de placebo controlados en ejercicios aleatorios que esto hace a la gente mucho más feliz y mucho menos deprimida. Y esto dura por lo menos un mes después del ejercicio.

Hay ejercicios que pueden aumentar la vida placentera y la vida comprometida. También hay ejercicios que pueden aumentar la cantidad de significado que tiene la vida – que es el tercer tipo de vida. Aquí tenemos uno muy simple que a menudo hago con mis estudiantes: la semana que viene haz algo que sea divertido, pero también algo que sea altruista, filantrópico. Cuando hacemos esto se produce una regularidad muy interesante. Al hacer algo divertido, como masturbarse, o mirar la TV, o ir de tiendas, cuando se ha terminado es el final. Pero cuando se hace algo filantrópico, sucede algo muy diferente. Con uno de mis estudiantes sucedió que su sobrino necesitaba unas clases particulares de aritmética, y le llamó por teléfono. Es decir que se pasó 2 horas explicándole algo de aritmética por teléfono. Y dijo que después de esto se sintió mejor durante el resto del día, decía que “podía escuchar mejor a la gente, estaba más dulce” y que la gente lo quería más. Y otro de mis estudiantes de empresariales me dijo: “Dr. Seligman, estudio empresariales porque quiero hacer mucho dinero, y el motivo para esto es porque el dinero aporta la libertad y la felicidad. Y me quedé muy sorprendido porque yo mismo me sentía bien al poder ayudar a una persona en lugar de ir de compras”.

Eduard Punset:
Parece ser que sólo existe un caso en el que los pesimistas tienen una mejor actuación que el resto, y es con los abogados. Los abogados…

Martin Seligman:
He estudiado unas 30 profesiones diferentes para ver la relación entre el optimismo y el éxito, y sólo hay una en la que los pesimistas tienen más éxito, y son los abogados. Lo que hicimos es tomar a toda una clase de primero de la facultad de derecho de una de las universidades más importantes de EEUU. Les hicimos pruebas de optimismo y pesimismo, y les preguntamos 3 años más tarde quienes habían aprobado, quienes eran los mejores, y quiénes habían conseguido el mejor trabajo, y es la única profesión que hemos encontrado en la que los pesimistas tienen una actuación mejor que los optimistas. Y creo que el motivo está muy claro: en los EEUU para ejercer como abogado hay que imaginarse la peor catástrofe que le podía haber sucedido a tu cliente…

Eduard Punset:
Es lo mismo en todos los sitios…

Martin Seligman:
… para ser capaces de encontrar los monstruos debajo de la alfombra; y la elección de los abogados es por su pesimismo. Esto está muy bien para ver la parte de la vida que es menos probable, y para imaginarse las catástrofes, pero desgraciadamente todo el mundo se lleva el pesimismo a casa, de manera que el mismo abogado que puede pensar en una catástrofe que podría haber ocurrido y que hace ganar el caso, piensa que la mujer es infiel, o que la vida no es justa…

Eduard Punset:
O que la vida no tiene sentido…

Martin Seligman:
…o sea que el índice de depresiones, suicidio y divorcios entre los abogados es el más alto de los EEUU, pese a que es la profesión mejor pagada. En la actualidad las empresas tienen un presupuesto más elevado para mantener a los abogados en la empresa que para contratarlos… mi secretaria trabajaba como abogada.

Eduard Punset:
Eres uno de los primeros psicólogos que habla de la importancia del carácter, la forma básica de ver las cosas. ¿De qué manera? ¿Exactamente: qué es lo que quieres decir?

Martin Seligman:
Cuando estudié la vida de placer, la hedonista, estaba claro que había atajos para alcanzarla, por ejemplo se puede tener más placer en la vida tomando drogas, o ir de compras, o ver la TV. Pero cuando pensé con la vida comprometida, el estar completamente absorto, como lo estamos ahora nosotros en esta conversación, estaba claro que no había atajos para poder alcanzarla: no existe ninguna droga que pueda inyectarte para hacer que estés más comprometido conmigo. Es entonces cuando empecé a pensar en la noción del carácter como algo positivo. Y lo que se convirtió en mi teoría es que cuando se saben cuáles son los puntos fuertes y se aplican al trabajo, con la gente que quieres, con el amor, con el ocio, con los hijos, con la amistad… lo que se obtiene es más compromiso. Déjame que te dé un par de ejemplos. Es muy interesante en personas a las que no les gusta su trabajo, que lo encuentran tedioso y aburrido, justo lo contrario que nosotros a quienes nos encanta nuestro trabajo. La diferencia es que tú y yo fluimos cuando trabajamos, pero ¿qué se puede hacer cuando se tiene un trabajo tedioso para conseguir más compromiso? Bueno voy a darte uno de los cientos de ejemplos que existen. Una señora trabajaba poniendo las compras de un supermercado en bolsas, y no le gustaba. Trabajamos juntos sus puntos fuertes y se dio cuenta de que su punto fuerte era la inteligencia social, y decidió que además de poner las compras en bolsas haría que el intercambio que tenía el cliente con ella sería el momento social más especial del día de cada cliente con el que trataba. Es decir que aprovechó su punto fuerte y lo utilizó constantemente en su trabajo, y transformó su trabajo, de ser físicamente laborioso y aburrido, en un trabajo que le encantaba. El algoritmo general aquí es que si se pueden encontrar cuáles son los puntos fuertes y se utilizan de una forma nueva con la gente que quieres, con el trabajo, con las amistades, con los hijos, etc. lo que se obtiene es una vida más comprometida.

Eduard Punset:
Hace un momento estábamos hablando de la diferencia entre la vida de placer y la vida de gratificación, y hay una anécdota fantástica que me fascina, sobre un lagarto que alguien encontró y se lo llevó a casa como mascota…

Martin Seligman:
Al profesor de la universidad Dr. Julian James le habían regalado un lagarto mexicano como mascota de laboratorio y el lagarto se estaba muriendo porque no podíamos entender qué alimentación darle: matamos moscas, pero no le gustaban, hicimos una mezcla de mangos y papayas, pero tampoco se lo comía, le ofrecimos una comida china y tampoco, el lagarto estaba atontado. Un día Julian entró y le ofreció al lagarto su comida, que era un sándwich de jamón, y el lagarto siguió como estaba. Julian continuó su trabajo y a la hora de la comida abrió el New York Times, y cuando había acabado la primera parte la dejó encima del sándwich de jamón, y fue entonces cuando el lagarto, que estaba al otro lado de la habitación, vio esto, se levantó, caminó hasta la mesa, saltó e hizo pedazos el New York Times y se comió el sándwich de jamón. En esta anécdota hay un mensaje importantísimo: y es sobre los atajos. Los lagartos – este tipo de lagarto – ni comen ni copulan a menos que hayan usado los puntos fuertes más importantes que les ha dado la evolución. Y nosotros también somos así: no creo que podamos tener gratificación por atajos.

Eduard Punset:
¿Así que no existen los atajos? ¿Se trata de un largo proceso y debe haber una motivación?

Martin Seligman:
Creo que todo el mundo tiene un tipo de fortaleza, un conjunto de puntos fuertes personales, y una vez sabemos cuáles son es muy fácil ponerlos en uso. De manera que por ejemplo, Eduardo, yo soy malísimo con la conversación tonta, y uno de mis puntos fuertes es que me encanta aprender cosas, y cuando tengo que ir a una fiesta y alguien quiere hablar del tiempo… si puedo de alguna manera cambiar la conversación hacia la enseñanza y lo que me gusta enseñar, entonces me lo paso de maravilla, y de la misma manera creo que todo el mundo tiene puntos fuertes personales característicos y la forma de tener una vida más comprometida y con más significado es cambiar, rediseñar lo que hacemos para poder utilizar esos puntos fuertes en la vida todo lo que se pueda.

Eduard Punset:
Mientras estás hablando estoy pensando que esto está lejísimos de toda la psicología freudiana, que todo lo basa en la infancia. La forma en que nos comportamos es porque odiábamos al padre o la madre, pero tú prácticamente estás en el otro extremo.

Martin Seligman:
Casi: hay cosas de Freud que tomo muy seriamente pero lo de la niñez creo que está sobreestimado. Hace 40 años pensaba de forma diferente pero…

Eduard Punset:
De manera que estoy equivocado cuando les digo a mis hijas, hablando de mis nietas, que tienen que cuidarlas hasta que tengan siete años porque lo que sucede después en la vida…

Martin Seligman:
Hay muchas cosas que son importantes en la infancia, como el sentir una seguridad hacia los padres, pero en general creo que un ejemplo perfectamente compatible que creo que se puede comparar con lo que sabemos sobre el desarrollo, es que “nacimos ayer”, es decir se pueden cambiar muchas cosas de forma radical cuando somos adultos. Y si por ejemplo tomamos el ejemplo de la señora del supermercado que ponía las compras en bolsas, se puede cambiar el trabajo de algo que uno odia – ella no podía aguantar hasta las 5 de la tarde para irse – y a los 35 años, gracias a una pequeñísima receta, eres una persona con una gran inteligencia social. ¿Cómo se puede cambiar el trabajo para utilizar más la inteligencia social? Se puede hacer, no importa si en la niñez uno ha sido maltratado, o privilegiado o lo que sea, sólo hay que descubrir que se puede pasar mucho mejor ayudando a otra persona que si se va de compras, se puede cambiar la vida a los 50 años ayudando a otras personas.

Eduard Punset:
Martín, esta es la última pregunta: no sólo reflexionas, experimentas, investigas y escribes, sino que además estás en contacto con las personas en las clínicas y en los negocios. ¿Has notado algún cambio? Ya se que es muy difícil generalizar, pero ¿crees que la gente de la calle siente una mayor satisfacción con la vida que hace 20 años?

Martin Seligman:
No, pero me gustaría decir dos cosas: una del presente y otra del futuro. Es interesante que si estudiamos a España, Japón o los EEUU durante los últimos 50 años, podemos observar como cada índice económico serio se ha disparado. De hecho en los EEUU el poder de adquisición es tres veces mayor que hace 50 años, el de Japón es seis veces mayor. Es increíble, pero hemos ido obteniendo datos de los índices de depresión y de felicidad durante esos años, y es interesante, porque la felicidad es la misma, y sin embargo la depresión es 10 veces mayor de lo que era. De hecho el hombre de la calle no es más feliz de lo que lo era hace 50 años. ¿Podemos cambiarlo? ¿Cómo podemos cambiar el futuro? Eduardo, creo que el futuro está relacionado con eso de lo que estábamos hablando hace un momento: con la educación. Parte de los motivos por los que no somos más felices cuando nos hemos hecho más ricos es que hemos gastado la riqueza en objetos materiales que pensábamos que nos harían felices, como son el lavavajillas o los helados de vainilla, pero no proporcionan una felicidad duradera. Sin embargo, lo que la ciencia nos está diciendo durante los últimos 10 años es que se puede cambiar el compromiso y el significado de la vida.

Eduard Punset:
Y esto significa las relaciones con la gente…

Martin Seligman:
La relación con las personas compartiendo algo que es mayor de lo que cada uno es. Pero si invertimos nuestra riqueza y nuestro tiempo en algo que tenga más significado y compromiso, creo que todo el tono de la felicidad en el planeta puede cambiar.

En 1480, durante el gobierno de los Medici, Florencia se hizo inmensamente rica, y se preguntaron ¿cómo podemos gastar toda esta fortuna? Y pensaron que podían crear un gran potencia militar, la mayor de la península, y quizá si hubieran querido podían haber sido la potencia militar más importante de toda Europa, más que España. Pero decidieron no gastarse la riqueza en armas sino en edificaciones, y creo que ahora estamos en un momento histórico muy similar. Sabemos que en lo que nos hemos gastado la riqueza en los últimos 60 años, que son objetos materiales – coches, TVs, etc. – no funciona, la gente se ha deprimido todavía más. Pero creo que podemos comprar el compromiso y el significado y podemos utilizar el excedente que tenemos para construir una vida más feliz, no en el sentido de la emoción positiva, sino con más compromiso con otras personas, y con el trabajo, y con el significado en la vida.

Obsesiones cerebrales

28 Diciembre, 2006 2 comentarios

¿Nos engaña el cerebro? ¿Somos conscientes de las percepciones de nuestro cerebro?

Este es el texto íntegro de la entrevista emitida en el programa REDES del 29 de septiembre de 2004.

Eduardo Punset entrevista a un de los más reputados psicólogos del panorama actual, Stephen Kosslyn. Kosslyn es catedrático en la Universidad de Harvard y autor de numerosas obras de divulgación. Además, es una figura muy reconocida en el campo de la neurociencia, especializado en los procesos que el cerebro emplea para visualizar el mundo que nos rodea.

Punset:
Creo que fue Newton, que parece ser que lo sabía todo, quien dijo: “me encantaría saber los mecanismos por los cuales la percepción visual del universo se transforma en la gloria de colores”. Y tu, después de muchos años de investigación, dices (y te cito): “los mecanismos que subyacen a la formación de las imágenes no parecen ser mucho más misteriosos que los que hay en la base de la percepción visual”. Lo que sugiere que hemos avanzado un poco desde Newton. ¿Es así?

Kosslyn:
El cerebro no es una sola cosa, sino un conjunto de partes que trabajan juntas. Y por ejemplo en la visión de los colores ahora sabemos muchísimo sobre lo que sucede en el ojo, en la parte posterior del ojo, y lo que sucede después, hasta llegar al cerebro. Lo que ahora también sabemos es que el color se procesa en un área cerebral diferente de donde se procesan la forma y la localización. No sólo observamos que hay áreas específicas que se activan cuando las personas ven colores, o ven formas….

Punset:
Que por cierto no están allí fuera en el universo, me has dicho.

Kosslyn:
Así es, están separados. El cerebro no sólo es una cámara que registra con precisión lo que hay en el exterior, sino que el cerebro es el que lo organiza y el que lo distribuye de maneras que no necesariamente aparecen en el universo, que sean evidentes en el mundo. Somos nosotros los que nos abrimos al mundo, y lo que percibimos en él es en parte un reflejo de cómo estamos construidos nosotros.

Punset:
Steven, lo que me dices es que nada de esto sucede en el universo, que este rojo o este azul no está ahí, sino que se fabrica en el cerebro.

Kosslyn:
¿Te has preguntado alguna vez por qué no se puede mezclar el verde y el rojo y obtener otro color? Ya sabes que se puede mezclar el azul con el amarillo y obtener verde. Si se mezcla amarillo y azul se obtiene verde, pero si se mezcla verde y rojo se obtiene un color como barro. Esto sucede porque la forma en que funcionan el cerebro y los ojos no permite que se cree un tercer color.

Punset:
O sea que el pobre Newton ahora sabría cómo surge esa gloria de los colores.

Kosslyn:
No del todo, porque entendemos muy bien el mecanismo, pero todavía falta mucho por saber sobre la conciencia. Cómo surge la experiencia perceptiva del color a partir de la acción de la red que existe entre las diferentes áreas.

Punset:
Hablemos ahora de algo que fascina a la gente: el efecto placebo. No sé si está relacionado con la conciencia, pero en este caso tenemos una conciencia de algún tipo que influye en el metabolismo, de manera que unas pastillas que se habían diseñado para nada, en realidad tienen un efecto en las personas. Tú has trabajado mucho sobre las formas en que esto es posible que funcione. ¿Cómo es posible?

Kosslyn:
El cerebro afecta sin ninguna duda al cuerpo, todo el tiempo, y también afecta a nuestro sistema inmunológico. Si estamos muy cansados, o con jet lag como tengo yo ahora, el sistema inmunológico se ve involucrado y enfermamos más fácilmente. ¿Qué es estar cansado? No sólo es el cuerpo, también es el cerebro: el cerebro afecta al sistema inmunológico. Creo que tenemos algunas fuerzas en un cierto tipo de reserva de cómo el cerebro puede afectar al sistema inmunológico…

Punset:
Nunca se gasta toda la potencia…

Kosslyn:
Siempre se guarda algo. Y el placebo lo que hace es dar permiso para poder acceder a las reservas, y por lo tanto afectar al cuerpo de una manera más fuerte de lo que se hace normalmente. Es decir, se cree que es una medicina, y se responde de la forma en que normalmente se responde cuando se toma una medicina, aunque en realidad no lo es. Pero no sólo se trata del sistema inmunológico, sino también del dolor, y de cosas como la fuerza de la histeria. Hay anécdotas como la de mujeres cuyos hijos estaban atrapados debajo de un coche y podían levantarlo: esta es una fuerza histérica, ya que daña los músculos, y no debe hacerse normalmente, no se tiene una constitución para hacer esto, pero ante una urgencia se obtiene el permiso.

Punset:
Y existe la reserva…

Kosslyn:
Y se usa la reserva. Esa es mi teoría.

Punset:
Steven, algo que me sorprende, o me fascina, es esto del “no placebo”, de que aparentemente no deberíamos estar tan seguros cuando le decimos a un paciente: “tengo que decirle la verdad, no hay nada que hacer, se acabó”. Porque parece que puede darse también una alteración del cerebro.

Kosslyn:
Un amigo mío, tres semanas antes de que se publicara el artículo sobre el “nocebo”, me dijo que su hermana tenía cáncer desde hacía dos años, y que después de la quimioterapia los médicos le habían dicho que no había nada que hacer y que le quedaban seis semanas de vida. ¿Y a qué no sabes lo que pasó?

Punset:
Que al cabo de las seis semanas se murió.

Kosslyn:
Eso es, y en mi opinión el médico hizo una estupidez, porque es evidente que ella cooperará si cree en la figura de la autoridad. Si ésta le dice que no hay nada que hacer y que se morirá, el cerebro puede regular lo que hace el cuerpo, de forma contraria a como lo hace el placebo. El placebo lo que hace es agradar, hace sentir mejor. El “nocebo” lo que hace es empeorar, de manera que lo peor que pueden hacer los médicos es quitar la esperanza…

Punset:
Es una especie de apoptosis, ya que se favorece de alguna manera el propio suicidio.

Kosslyn:
Es peor que eso, porque no sólo es un suicidio, alguien te ha asistido. En mi opinión, el eliminar la posibilidad de mejorar y el ofrecer la posibilidad de empeorar es algo terrible.

Punset:
En algún sitio, no se en dónde, citas el siguiente ejemplo. Dices: si se toma un ladrillo…” –imaginemos que tu libro es un ladrillo, lo siento– …si hago esto [lo mantiene sobre su mano con el brazo extendido] normalmente podré aguantarlo durante unos cinco minutos pero tú dices que si se me hipnotiza podría aguantarlo durante veinte minutos. Entonces la gente que no lo cree dice, que si se le explica a un hombre que una mujer es capaz de aguantar así el libro durante veinte minutos, él se autoconvencerá y también lo podrá hacer. O sea que es una cuestión de superstición, no es ciencia. ¿Qué experimentos has hecho para llegar a la conclusión de que no es una cuestión que se pueda tratar a la ligera, sino que tiene un fundamento científico?

Kosslyn:
Esto guarda relación con el tema del efecto placebo: cuando se te dice que una mujer puede sostener el ladrillo, te das a ti mismo permiso de forma consciente para aguantarlo aunque los músculos estén al límite. La diferencia reside en el mecanismo por el que se actúa, pero en el caso de la hipnosis también se acude a las reservas, el concepto es el mismo.

Punset:
Cuando imaginas algo, cuando cierras los ojos e imaginas un cierto objeto – por ejemplo ahora estoy viendo a una persona en particular – tu dices, tú has descubierto, que se activa es el mismo substrato neuronal que cuando la ves físicamente. En cierta manera es como si al cerebro le importase un cuerno el que tú estés mirando realmente una cosa o sólo imaginándola.

Kosslyn:
Cuando conocí al Dalai Lama, le hice tres preguntas: ¿Sabes que forma tienen las orejas de los gatos?

Punset:
Y el respondió a su vez: ¿qué tipo de gato?

Kosslyn:
Es verdad, me sentí fatal. Pero ¿ tú sabes la respuesta?

Punset:
No, no.

Kosslyn:
Bueno pues pensemos en Micky Mouse: ¿de qué forma tiene las orejas?

Punset:
Sí … son redondas.

Kosslyn:
Sí, sí, perfecto. Sigamos. ¿Y en qué mano sostiene su antorcha la Estatua de la Libertad?

Punset:
¿En la izquierda?

Kosslyn:
En la derecha, y el Dalai Lama lo contestó bien. Esto me sorprendió porque muchos americanos no lo saben. Y la última ¿Qué verde es más oscuro, un árbol de navidad o un guisante congelado?

Punset:
Un árbol de navidad.

Kosslyn:
Muy bien, gracias. Lo interesante de estas preguntas es que en todas se necesita la imaginación para poder contestarlas. O sea que si te miro a los ojos, se mueven lateralmente cuando intentas responder – intentando visualizar la entrada visual – pero lo que no es nada obvio en la introspección es que haya tres sistemas cerebrales diferentes a los que se acude. Uno se usa para las formas: tanto en la percepción como en la imaginación; otro para la ubicación – la percepción está aquí y la ubicación aquí [05:40]–; y el otro se usa para el color, y está aquí debajo. De modo que la misma división del cerebro –divide y vencerás–, con el color, la forma y la ubicación que se usa para la percepción, se usa también para la creación de imágenes mentales. Y resulta que las capacidades no están relacionadas unas con otras: personas que son muy buenas en la imaginación espacial, que saben como orientarse en una ciudad…. no importa lo buenos que sean en lo espacial a la hora de visualizar las caras, o los objetos: no están relacionadas; o los colores: tampoco están relacionados, son sistemas diferentes.

Punset:
Déjame que te haga una pregunta imposible. Tú mismo has mencionado todo el fantástico progreso que se ha experimentado en el conocimiento de las funciones del cerebro, y la percepción y las técnicas de neuroimagen. Si hace veinte años hubiéramos sabido lo que ahora sabemos sobre el funcionamiento del cerebro, ¿habríamos tratado las cuestiones importantes de otra manera¿ ¿Habríamos hecho algo de forma diferente, por ejemplo en el campo de la educación? ¿Si lo hubiéramos sabido habríamos hecho las cosas de una manera diferente?

Kosslyn:
Aquí hay dos temas. Uno es la palabra “conocer”. La ciencia es muy controvertida: la gente tiene ideas, pero hay que demostrarlas, y lleva mucho tiempo que sean aceptadas. O sea que hace veinte años había muchas ideas que si las estudiamos ahora eran correctas, pero en su momento no estoy seguro de que se debieran haber puesto en práctica, ya que sólo eran ideas. La plasticidad temprana es un buen ejemplo. Ahora parece que es una buena idea estimular a los bebés, el proporcionarles una estimulación temprana, pero no está claro que hace veinte años supiéramos lo suficiente para poder haber actuado, aunque podía haber sido una buena idea, pero también mala. De la misma manera, si pensamos de aquí a veinte años, entonces podremos decir que se había descubierto que el cerebro está organizado en diferentes sistemas que se utilizan para mantener, almacenar y procesar la información, y todo el razonamiento y la memoria y la percepción. ¿Por qué no os aprovechasteis de este conocimiento para ponerlo en práctica en la educación y hacerla verdaderamente eficaz para cada persona? Creo que el futuro será personalizado. En mi opinión, cuando necesitemos zapatos, pondremos el pie en una caja y por láser se tomarán las medidas y el día siguiente la fábrica te enviará un par de zapatos hechos a medida que te irán de maravilla, y con un coste no superior al de ahora. De la misma manera, en el futuro la educación de los niños estará personalizada según la forma de funcionar de cada cerebro. La información, y lo más importante es el contenido, estará presentada de una manera que resultará interesante a cada persona, y la metodología utilizada estará personalizada para que se ajuste perfectamente a la forma particular de funcionar de tu cerebro. Creo que ahora estamos descubriendo lo suficiente para poder hacerlo, pero se tardará un tiempo hasta que sea algo serio y sólido y se pueda aplicar en las escuelas. Si pudiera predecirlo, yo creo que esto es algo que está a la vuelta de la esquina.

Psicoterapia cognitiva

28 Diciembre, 2006 Deja un comentario

Una introducción a los conceptos básicos de la Piscoterapia cognitiva escrita por Elia Roca Villanueva, Psicóloga Clínica del Servicio Valenciano de Salud.

La psicología cognitiva considera que el procesamiento de la información (es decir, la forma en que percibimos, procedamos, almacenamos y recordamos la realidad) es el principal determinante de nuestras emociones y conductas. Compara la mente humana con los ordenadores, aunque reconoce que es mucho más complejo y flexible que ellos.

Así, ante una misma situación, cada persona puede reaccionar de diferente forma, ya que la misma realidad puede ser interpretada de manera diferente. Por ejemplo, si alguien llega a un lugar donde se encuentran varios desconocidos y éstos la miran sonriendo, la persona puede interpretarlo como que les gusta, que la encuentran ridícula, etc. Según lo que piense acerca de ese hecho, se sentirá y se comportará en forma diferente.

Si esa persona tiende a sentirse inferior y acomplejada, es fácil que interprete que los otros la están rechazando. Su forma de interpretar la situación determinará asimismo cómo se siente y cómo se comporta. A su vez, su comportamiento influirá en el comportamiento de los demás.

La forma en que percibimos la realidad está también determinada por nuestra forma anterior de ver las cosas, es decir, por nuestras creencias, esquemas y actitudes.

Las actitudes son creencias cargadas de emociones que nos predisponen a actuar en forma congruente con ellas. Nuestras actitudes o creencias determinan, en buena parte, nuestra forma de percibir el mundo, así como nuestras emociones y nuestras conductas.

Nuestras creencias no son permanentes. Muchas de ellas se activan o desactivan según las circunstancias que nos rodean o según lo que pensemos, como ocurre con un programa de ordenador que puede ser activado o permanecer guardado en la memoria.

Percibimos preferentemente las cosas que coinciden con nuestras ideas preconcebidas. Por ejemplo, si un día estás muy enfadado con alguien es fácil que lo veas como un indeseable, tenderás a interpretar negativamente cualquier comportamiento suyo y recordarás más fácilmente cualquier agravio que te hizo en pasado.

Por eso la psicología cognitiva parte de la base de que cuando tenemos una alteración emocional, lo que más nos altera no son las cosas en sí, sino nuestra forma de verlas.

Algunas creencias o actitudes son muy estables y tendemos a tenerlas activadas todo el tiempo. Estas creencias-actitudes suelen adquirirse en la infancia, aunque siguen formándose y modificándose a lo largo de nuestra vida y podemos aprender a librarnos de las que nos perjudican y cambiarlas por otras más convenientes.

Las creencias, muchas veces, están distorsionadas y nos llevan a ver las cosas en formas muy diferentes a como son en realidad. Por ejemplo, no siempre nos vemos a nosotros mismos o a las demás personas del mismo modo “del amor al odio solo hay un paso” y la diferencia entre el amor y el odio se debe, sobre todo, a nuestra forma de ver a la persona amada u odiada.

Algunas creencias son sanas y deseables ya que nos ayudan a vivir felices y en la forma que más nos conviene. Otras creencias son contraproducentes ya que nos llevan a emociones y conductas que nos hacen daño. Las creencias más importantes son las referidas a uno mismo (relacionadas con la autoestima), a continuación las que se refieren a otras personas y a las relaciones interpersonales (relacionadas con las habilidades sociales).

Las creencias referidas a uno mismo son las más importantes ya que si, como hemos dicho, éstas determinan nuestras emociones y conductas, determinarán el que nos tengamos aprecio o que nos odiemos. También determinarán el que nos comportemos en forma que nos ayude a ser felices y a desarrollar nuestras mejores potencialidades, o por el contrario a que nos comportemos en forma que nos autolimitemos o que boicoteemos nuestra vida haciéndonos daño (nadie puede hacerte tanto bien o tanto mal como tú mismo). Las actitudes positivas hacia ti mismo son los que llamamos autoestima.

Las creencias referidas a las demás personas son también muy importantes ya que somos seres sociales y necesitamos convivir con los demás, por lo cual la calidad de nuestras vidas dependerá, en buena parte, de la calidad de nuestras relaciones interpersonales. Aquí un error bastante común es el de esperar que sean los otros los que nos den lo que necesitamos. Pero lo más razonable y conveniente es pensar que somos nosotros los que tenemos el papel principal para conseguir unas relaciones interpersonales de calidad. Esto nos lleva a trabajar para mejorar nuestras Habilidades Sociales.

Tanto en la forma de vernos a nosotros mismos como en la forma de ver a los demás (y a nuestras relaciones con ellos), existe una serie de creencias que nos ayudan a que todo vaya bien. Son las que fomentan la autoestima y las Habilidades Sociales. También existen otra serie de creencias que nos hacen daño porque impiden lo uno y lo otro.

Entre las creencias-actitudes que nos hacen daño, las más habituales son las exigencias y su extremo opuesto: la negación o minimización de nuestros legítimos deseos y preferencias.

Llamamos exigencias a una serie de actitudes hacia nosotros mismos, hacia los demás o hacia la vida, que hacen que cuando no se cumple lo que exigimos, reaccionemos pensado y sintiendo que es terrible, que no podemos soportarlo y que nosotros o las personas de que se trate somos (o son) unos cretinos, indeseables, etc. Esto último va acompañado de odio hacia nosotros mismos o hacia las otras personas.

La actitud deseable, alternativa a las dos anteriores, es la preferencia que se define como una actitud por la cual aceptamos nuestras limitaciones (o las de los demás), es decir, nos resignamos ante lo que no tiene solución y centramos todos nuestro esfuerzos en luchar por lo posible. Con esta actitud de preferencia, la vida se convierte en un juego en el que siempre ganamos ya que trabajamos por realizar nuestros deseos y preferencias, pero cuando esto no es posible lo aceptamos de buen grado, quedando así libres para centrarnos en la realización de nuestras posibilidades y en disfrutar de ellas.

Con esa actitud experimentamos un mínimo de frustración y/o desahogo y un máximo de agrado y bienestar.

Por lo que se refiere a uno mismo, la actitud de preferencia consiste en: aceptar nuestras limitaciones y centrar nuestras energías en desarrollar nuestras posibilidades o potencialidades. Se trata de una autoaceptación incondicional, independiente de nuestros logros o de que las demás personas nos acepten o no; aunque como es lógico preferimos que otras personas nos acepten y aprecien y también preferimos conseguir logros de diverso tipo. La diferencia con la actitud de exigencia es que no perdemos el tiempo en lamentarnos o en alterarnos por nuestras limitaciones. Las aceptamos y nos centramos en disfrutar de (y en desarrollar) nuestras posibilidades. Esto nos lleva a una actitud de autoestima en la que nos aceptamos incondicionalmente y además nos cuidamos, protegemos, disfrutamos de nuestros aspectos positivos y nos facilitamos el desarrollo de nuestras posibilidades.

Por lo que se refiere a las demás personas y a nuestra relación con ellas, también dejamos de exigir que sean diferentes a como realmente son. Las aceptamos como son, aceptamos que tienen derecho a tener limitaciones de todo tipo, aunque podemos preferir que fuesen de otra forma, y reconocemos nuestro derecho (o el de la sociedad) a protegerse de ellos para que no nos hagan daño. Pero si aceptamos que cada persona siente y actúa según su visión de si mismo y del mundo, dejamos de sentirnos profundamente indignados cuando los demás actúan de forma que no nos gustan. Procuraremos que se comporten en la forma que deseamos a través de nuestras habilidades sociales y reconoceremos, en todo caso, su derecho a actuar según su visión de la realidad. También a ellos los aceptaremos como son, nos resignaremos a lo que no tiene solución o no depende de nosotros y nos centraremos en disfrutar o conseguir lo posible (independientemente de que nos apartemos de ellos para evitar que nos adñen, si fuese necesario).

Así mismo, cuando tengamos un fallo en nuestras relaciones interpersonales, no nos sentiremos demasiado alterados ni nos condenaremos por él, sino que lo veremos como algo normal y procuraremos aprender de nuestros errores.

A la hora de cambiar actitudes, la psicología cognitiva considera que la herramienta más útil es el descubrir las actitudes-creencias que nos hacen daño y cambiarlas por otras más convenientes. Una de las formas más eficaces de conseguirlo es hacernos conscientes de cuáles son nuestras creencias o actitudes irracionales (hablando de ello, con lecturas, haciendo autorregistros en los que las vamos anotando,…) y, una vez identificadas, actuar según las creencias-actitudes y deseables en contra de las contraproducentes.

Fuente: Medicina Información

Categorías:Fobia Social, Terapia

Terapia cognitivo-conductual

25 Diciembre, 2006 1 Comentario

Leo en la página www.psicomag.com este claro resumen de la terapia cognitivo conducutal, con la que se obtiene los mejores resultados para los problemas de fobia social.

La terapia cognitivo conductual (TCC), a diferencia de las terapias psicodinámicas, que se focalizan en los pensamientos inconscientes y ponen énfasis en la catarsis, se aboca a modificar comportamientos y pensamientos, antes que brindarle al paciente la oportunidad de simplemente descargar sus sentimientos.

Está orientada hacia el presente, se investiga el funcionamiento actual y no hay mayores exploraciones del pasado, aunque por supuesto se hace una historia clínica, y se pone énfasis en los patrones disfuncionales actuales de los pensamientos y conductas. El énfasis de la TCC está puesto más en el “Qué tengo que hacer para cambiar” que en el “Por qué”. Muchas veces, el explorar expresamente y conocer cuáles son los motivos de lo que nos ocurre no alcanza a brindar una solución y no es suficiente para producir un cambio.

Pone énfasis en la cuantificación, y se pueden medir los progresos obtenidos. Desde la primera sesión se administran cuestionarios y planillas en los que se evalúan los síntomas específicos, en su frecuencia, duración, intensidad y características. Esta medición es repetida periódicamente hasta la sesión final, para tener una idea del cambio obtenido.

La relación terapeuta-paciente es de colaboración y el enfoque es didáctico. Paciente y terapeuta se comprometen a trabajar con un objetivo común. Los pacientes pueden aportar sugerencias y participar en el diseño de las tareas para el hogar. En muchos casos, se utiliza la biblioterapia, que consiste en que el terapeuta recomiende o facilite libros, folletos o apuntes acerca del problema para que el paciente se informe de lo que le sucede.

Tiende a fomentar la independencia del paciente. Dado que este tipo de terapia busca lograr un funcionamiento independiente, en ella se enfatiza el aprendizaje, la modificación de conducta, las tareas de autoayuda y el entrenamiento de habilidades intersesión. Además, se refuerza el comportamiento independiente.

Está centrada en los síntomas y su resolución. El objetivo de la terapia es aumentar o reducir conductas específicas, como por ejemplo ciertos sentimientos, pensamientos o interacciones disfuncionales. Se definen objetivos concretos a lograr y de esa forma es mucho más fácil evaluar o modificar los síntomas específicos y saber claramente lo que se quiere obtener o hacia adonde apunta la terapia.

Rechaza el principio de sustitución de síntomas. La falsa idea de sustitución, difundida por la escuela psicodinámica, que considera a un síntoma como la única salida a un proceso neurótico subyacente que si se elimina surgirán otros, es cuestionada por esta metodología. La meta de la TCC es eliminar, o al menos reducir los síntomas, y postula que si desaparecen, por ejemplo, los síntomas de pánico, inmediatamente también va a haber una mejoría en otras áreas, sin que aparezcan otros síntomas que los reemplacen.

Pone el énfasis en el cambio. Se le solicita al paciente practicar nuevas conductas y cogniciones en las sesiones, y generalizarlas afuera como parte de la tarea.

Desafía la posición del paciente, sus conductas y sus creencias. Activamente se lo confronta con la idea de que existen alternativas posibles para sus pensamientos y patrones habituales de conducta, se promueve al autocuestionamiento.

Se centra en la resolución de problemas. Al comienzo de cada sesión el terapeuta indaga acerca de los problemas en los que el paciente focalizó su trabajo y cuáles necesita resolver en ese momento. Al concluir la sesión, le pregunta si ha hecho algún progreso al respecto.

Utiliza planes de tratamiento. Generalmente, la terapia utiliza planes específicos de tratamiento para cada problema, no utilizando un formato “único” para las diversas consultas. Propone una continuidad temática entre las sesiones. En cada sesión se revisan las tareas indicadas para la semana anterior, se estudia cuál es el problema actual y se planean actividades para la semana siguiente.

Desmitifica la terapia. El plan de tratamiento y el proceso terapéutico retiran el “velo de misterio” que cubre a casi todas las psicoterapias, al permitirle al paciente un libre acceso a la información teórica o metodológica mediante la biblioterapia.

Tiene una base empírica y trabaja con la participación activa del paciente. Las tesis cognitivo conductuales han sido ampliamente comprobadas respecto de su eficacia para tratar una variedad de trastornos. Es decir, más que simplemente decir que funciona, esta comprobado que funciona.

Categorías:Ansiedad, Fobia Social, Terapia

Introversión

25 Diciembre, 2006 Deja un comentario

Del libro “Tipos Psicológicos Jungianos” de Daryl Sharp (autor de Querida Gladys, Lexicon Jungiano y Quien Soy Yo Realmente) 136 pág. 1ª edición en español julio 2002.

Introducción a la Tipología Jungiana

La experiencia de que no todo el mundo funciona de la misma manera ha sido la base de numerosos sistemas de tipología. Para explicar las diferencias entre las personas, desde los tiempos más remotos se han intentado categorizar las actitudes individuales y los patrones de conducta.

El sistema más antiguo de tipología que conocemos es el ideado por los astrólogos orientales. Ellos clasificaron el carácter en términos de cuatro trígonos, correspondientes a los cuatro elementos agua, aire, tierra y fuego. En el horóscopo, por ejemplo, el trígono del aire consiste en los tres signos de aire del zodíaco Acuario, Géminis y Libra; el trígono del fuego está compuesto por Aries, Leo y Sagitario. Según esta antiquísima visión, quien nace bajo estos signos comparte su naturaleza aérea o fogosa y tiene un temperamento y destino acorde a ella; igual cosa sucede con los signos de agua y tierra. Este sistema sobrevive en forma modificada hasta la astrología actual.

Estrechamente conectada con este antiguo esquema cosmológico está la tipología fisiológica de la medicina griega, según la cual los individuos se clasificaban en flemáticos, sanguíneos, coléricos o melancólicos, basándose en los nombres de las secreciones del cuerpo (flema, sangre, bilis amarilla y bilis negra). Estas descripciones aún forman parte del lenguaje corriente, aunque médicamente hace mucho tiempo que quedaron invalidadas.

El propio modelo tipológico de Jung nació de una extensa revisión histórica del tema de los tipos en la literatura, la mitología, la estética, la filosofía y la psicopatología. En el prefacio de Tipos Psicológicos, que contiene su investigación académica y un detallado resumen de sus conclusiones, él escribe:

“Este libro es fruto de casi veinte años de trabajo en el área de la psicología práctica. Se desarrolló poco a poco en mi mente, tomando forma a partir de las innumerables impresiones y experiencias de un psiquiatra en el tratamiento de enfermedades nerviosas; del intercambio con hombres y mujeres de todos los niveles sociales; de mi relación personal con amigos y enemigos por igual; y, finalmente, de una crítica de mis propias peculiaridades psicológicas”.

El modelo básico

Mientras las primeras clasificaciones se basaban en observaciones de patrones de conducta temperamentales o emocionales, el modelo de Jung se relaciona con el movimiento de la energía psíquica y la forma en que uno, habitual o preferentemente, se orienta en el mundo.

Desde este punto de vista, Jung distingue ocho grupos tipológicos dos actitudes de personalidad -introversión y extraversión- y cuatro funciones o modos de orientación -pensamiento, sensación, intuición y sentimiento-, cada uno de los cuales puede operar en forma introvertida o extravertida.

Aunque introversión y extraversión se han convertido en palabras de uso diario, su significado es frecuentemente mal comprendido; las cuatro funciones no son tan ampliamente conocidas y menos aún entendidas.

Introversión y extraversión son modos psicológicos de adaptación. En el primero, el movimiento de energía es hacia el mundo interior. En el segundo, el interés está dirigido hacia el mundo exterior. En un caso, el sujeto (realidad interior) y en el otro, el objeto (cosas y otras personas, realidad exterior) es lo que tiene más importancia.

La introversión, escribe Jung, “se caracteriza normalmente por una naturaleza vacilante, reflexiva y retraída que se encierra en sí misma, rehuye de los objetos y siempre está ligeramente a la defensiva”.

Por el contrario, la extraversión “se caracteriza normalmente por una naturaleza expansiva, abierta y complaciente que se adapta con facilidad a una situación dada, crea vínculos rápidamente y, dejando de lado cualquier posible recelo, se suele aventurar confiadamente en situaciones desconocidas”.

En la actitud extravertida, los factores externos son la fuerza motivadora predominante para los juicios, percepciones, sentimientos, afectos y acciones. Esto contrasta fuertemente con la naturaleza psicológica de la introversión, donde los factores internos o subjetivos constituyen la principal motivación.

A los extravertidos les gusta viajar, conocer nuevas personas y lugares. Son los típicos aventureros, el alma de la fiesta, abiertos y amistosos. El introvertido es esencialmente conservador, prefiere los entornos familiares del hogar, las pequeñas reuniones con unos pocos amigos íntimos. Para el extravertido, el introvertido es anticuado, un aguafiestas aburrido y predecible. A su vez, el introvertido, quien tiende a ser más autosuficiente que el extravertido, podría describir a este último como frívolo, un superficial trotacalles.

En la práctica, es imposible demostrar las actitudes introvertidas y extravertidas per se, es decir, en forma aislada. El hecho de que una persona sea de una u otra manera sólo se evidencia en asociación con una de las cuatro funciones, cada una de las cuales tiene su área especial de destreza.

La función de pensamiento se refiere al proceso de pensamiento cognitivo; la sensación es la percepción mediante los órganos físicos de los sentidos; el sentimiento es la función de evaluación o juicio subjetivo; y la intuición se refiere a la percepción por medio del inconsciente (por ejemplo, receptividad a contenidos inconscientes).

En pocas palabras, la función de sensación establece que algo existe, el pensamiento nos dice qué es, el sentimiento nos indica su valor, y a través de la intuición tenemos un sentido de qué puede hacerse con ello (las posibilidades). Ninguna de las funciones por sí misma basta para ordenar nuestra experiencia de nosotros mismos o del mundo que nos rodea; las cuatro, escribe Jung, son necesarias para una comprensión global. Para una orientación completa, las cuatro funciones deben contribuir por igual: el pensamiento debe facilitar el conocimiento y el juicio; el sentimiento debe decirnos cómo y hasta qué punto una cosa es o no importante para nosotros; la sensación debe transmitirnos la realidad concreta a través de la vista, el oído, el gusto, etc.; y la intuición debe permitirnos adivinar las posibilidades ocultas en el trasfondo, ya que éstas también corresponden al panorama completo de una situación dada.

El ideal, por supuesto, es tener acceso consciente a la función o funciones necesarias o apropiadas para determinadas circunstancias, pero en la práctica las cuatro funciones no están igualmente a nuestra disposición consciente; es decir, no están uniformemente desarrolladas o diferenciadas en ningún individuo. Invariablemente, una u otra está más desarrollada, llamada entonces función primaria o superior, en tanto que el resto permanece en un plano inferior, relativamente indiferenciado.

En este contexto, los términos “superior” e “inferior” no implican juicios de valor. Ninguna función es mejor que las otras. La función superior es, simplemente, la que una persona tiende a usar más; asimismo, inferior no significa patológica, sino meramente no utilizada (o al menos no tan usada en comparación con la función preferida).

¿Qué ocurre con las funciones que no se usan conscientemente en la vida diaria y que por lo tanto no están desarrolladas?

Permanecen en un estado más o menos primitivo e infantil, a menudo sólo medianamente conscientes o incluso del todo inconscientes. Las funciones relativamente no desarrolladas constituyen una inferioridad específica que es característica de cada tipo y es parte integral de su carácter total. El énfasis unilateral en el pensamiento va siempre acompañado de una inferioridad del sentimiento, y la sensación diferenciada es perjudicial para la intuición y viceversa.

Tipológicamente, muchas personas son como un plato de sopa. Funcionan en forma introvertida o extravertida dependiendo de su estado de ánimo, del clima o de su estado mental; piensan, sienten, perciben e intuyen más o menos al azar, sin ser mejores o peores en una función que en otra, y sin tener la menor idea de las consecuencias. A primera vista, tales personas pueden parecer bien equilibradas. Sin embargo, las características anteriores son típicas de la inconsciencia, pues la conciencia implica cierta diferenciación en la forma en que uno funciona. “El estado uniformemente consciente o inconsciente de las funciones”, señala Jung, “es la marca de una mentalidad primitiva”…

Fuente: Facultad de Medicina. Universidad Autónoma de Madrid

FELIZ NAVIDAD

24 Diciembre, 2006 Deja un comentario

A ti, por ser como eres

Categorías:Fobia Social, Videos